Siempre hay tiempo para volver




Historias de orilla a orilla


Natalia Maure





Natalia Maure, es oriunda de Buenos Aires, actriz, conductora, modelo, y emprendedora; una mujer multifacética que un día decidió abandonar su zona de confort y emprender la aventura de comenzar una nueva vida en Madrid. Cree en la fuerza de atracción, es vecina de Almodóvar y desde que ha pisado España, no para de trabajar y cumplir cada uno de sus sueños. 


Con tal sólo 23 años, dejó Buenos Aires para grabar un largometraje en Roma, lo que sería un viaje de cinco días, se transformó en una nueva aventura en España que ya lleva casi dos años. “Siempre hay tiempo para volver”, le dijo su padre cuando Natalia le avisó que no volvía a Argentina. Y así, con el apoyo de los suyos, se jugó por sus sueños: viajar, conocer gente de todo el mundo, y ser actriz. 

¿Cuándo decidiste venirte a España?
Decidí venirme en abril del 2013. Originalmente, iba a Roma por cinco días, pero al final se convirtió en un viaje eterno. Tenía muchas ganas de saber qué había más allá de donde vivía, jamás había salido antes de Argentina. Lo deseaba muchísimo, soy una creyente de la ley de la atracción, y por eso había llenado mi habitación con fotos de lugares a donde quería ir, cosas que quería hacer, personas que quería conocer; no tenía ni idea de cómo lo haría, pero lo creía y finalmente, de a poco, todo fue sucediendo. 

Un viaje a Roma fue el punta pie de lo que está siendo una gran experiencia en Madrid.
Lo de Roma fue una oportunidad, viajé por un trabajo para grabar un largometraje. Había colaborado como asistente de producción para un director italiano, en el Festival de Cine por los Derechos Humanos en Buenos Aires, y para esa época estaba estudiando interpretación en la escuela de Agustín Alezzo. Le comenté que moría de ganas por una oportunidad como actriz, me hizo un casting pero ahí se quedó todo. Dos años y medio después, me llamaron y me preguntaron si seguía interesada en participar en una peli, y como mi respuesta fue un rotundo sí, me dijo “¡Entonces viajás la semana que viene!".
Recuerdo que quedé tan alucinada con todo lo que viví, que no me podía volver a casa. Era hora de arriesgar y aventurarse. Así que, en mi regreso a Buenos Aires, mi avión hacía escala en Madrid, no conocía a nadie en la ciudad, pero tenía algo muy importante, la ciudadanía española que había heredado por parte de mi abuela, que era gallega. Cuando tomé el avión en Roma, le dije a la azafata que me iba a quedar en mi trasbordo, que no volvía a la Argentina y que por tanto quería que mi maleta viajara conmigo. A lo que me contestaron con una rotunda negativa, rogué, supliqué, pero no hubo caso. La única alternativa rápida fue ir hasta el baño del aeropuerto, ponerme todo lo que me entrara encima y dejar la valija abandonada. Fue como un mensaje del destino de:  "si de verdad lo quieres...comienza desde cero".




A eso se le llama comenzar literalmente con lo puesto.
Ni bien aterricé en Madrid, lo primero que hice fue ponerme a hablar con los empleados del aeropuerto, para que me contaran cosas de la ciudad. Recuerdo que me miraban un poco raro porque me presentaba con un "Hola, soy Natalia, soy nueva en la ciudad, ¿qué zona me recomiendas para que me quede;  ¿es seguro?; ¿a qué hora tendría que dejar de andar sola por la calle?” Estaba paranoica, muy quemada con la inseguridad de Buenos Aires y me daba miedo andar sola por ahí. La gente me decía que vaya tranquila, que no pasaba nada y que lo mejor era que me alquilase una habitación en una pensión. Como estaba bastante justa de dinero, decidí hacer uso de la red Couch Surfing (una comunidad de viajeros, en la que te ofrecen un sofá en su casa para quedarte un par de días, de forma gratuita y desinteresada); me pareció la mejor idea, porque además, era la forma de ir conociendo gente. La verdad es que tengo que agradecerle a todas las personas que me abrieron la puerta de sus casas sin conocerme y que me alentaron para que no baje los brazos los primeros días. 

¿Cómo se le comunicaste a tu familia que no volvías?
En realidad, como en ocasiones anteriores ya se me habían quemado varios proyectos, decidí no contarlo. Sólo se lo dije a mis padres; a ellos les conté mis verdaderas intenciones de quedarme a vivir en España, pero a mi abuela le tuve que mentir porque estaba muy delicada de salud y no quería que se preocupara por mí. Así que, le dije que me iba de viaje con una amiga y que nos íbamos a quedar en casa de su familia en Madrid. Luego de un tiempo le conté la verdad por Skype, por supuesto que me quiso matar, pero se alegró mucho por mí. El resto de mi familia y mis amigos se enteraron por Facebook al subir una foto al otro lado del continente. A lo que me llegó una lluvia de mensajes, del estilo  “¿Qué hacés ahí?”, “Pero si ayer estabas en Ituzaingó”!

¿Cómo fue el proceso de adaptación a una nueva sociedad? 
En cuanto al proceso de adaptación, tengo que reconocer que al principio me costó adaptarme,  extrañaba mucho, me sentía sola; me hacía falta esa costumbre que tenemos los argentinos de juntarnos a tomar mate para hablar de cualquier cosa, charlar con mis amigas hasta cualquier hora, con mi abuela, mi mamá, llevar al cine a mis hermanitas o simplemente ir al super de mi barrio; sentía que todo en Madrid pasaba muy de prisa, había gente de todos lados, no solo de otras provincias, sino de otros países, con mentalidad muy abierta, y yo sólo estaba acostumbrada a rodearme de argentinos. Aquí es muy fuerte la globalización, en el mismo barrio hay españoles, chinos, sudamericanos, ingleses. Tengo que reconocer que me encanta eso, siempre quise tener amigos de diferentes partes del mundo. 

España vive una crisis económica muy importante, ¿cómo hiciste para conseguir trabajo?
Sé que vine en una época complicada, de hecho, ni bien me ponía a hablar con la gente y le contaba que era recién llegada, la reacción era siempre la misma, “Uhhh.... no has elegido una buena época para venir a probar suerte. Ya sabes... por la crisis". Sin embargo, no me importó. Los argentinos tenemos un espíritu de “busca vidas”. Estamos acostumbrados a tener que remarla mucho, por lo que no me asustaba. La verdad es que no fue fácil, tardé dos meses en conseguir mis primeros trabajos, estaba un poco desesperada porque había venido sin dinero, así que tenía que trabajar de lo que sea. Me apunté a una agencia de promotoras, hice promos de todo tipo, hasta trabajé disfrazada de porrista en un Dunkin Donuts, luego vendí camisetas en un concierto de Heavy Metal, vendiendo leche para bebes y un largo etcétera. Yo estaba feliz de la vida con mis primeros euritos, más que nada porque me las estaba apañando sola. No quería llamar a mi familia para que me ayudaran enviándome dinero. Después de unos tres meses, cuando ya estaba un poco más tranquila con la plata, empecé a hacer castings. Recuerdo que quería entrar a un estudio de grabación como sea, así que me apunté de extra, y en mi primer día, me lancé a improvisar una pequeña escena con los actores, al director le gustó como quedaba y  la dejaron. Debo reconocer que fue muy atrevido de mi parte y podría no haber salido bien. Luego me salieron trabajos como reportera, participaciones en series, anuncios, conductora y hasta me metí en el mundo de la producción que descubrí que me encanta. 
Ahora compagino el mundo de la interpretación, con los viajes, la producción de eventos y la conducción. También cumplí mi sueño de ir a estudiar interpretación a Londres por una temporadita y tengo muchísimas cosas más por hacer y por probar. 


Trabajás y estudiás.
Trabajo a full, y me encanta estudiar, aunque como no tengo una rutina de horarios se me hace imposible tener regularidad en un curso presencial. El año pasado, estuve en el Centro del Actor haciendo un curso para profesionales, pero tuve que dejarlo unos meses antes de acabar porque era imposible compaginarlo con el trabajo. Así que para no quedarme atrás con el tema formación ahora hago bastantes cursos on line, o  a corto plazo. Siempre fui muy autodidacta y muy "nerd" con las cosas que me apasionan. Todas las semanas, estoy con un libro o un curso nuevo, me obsesiona ser una persona culta, quiero aprender de todo y de todos. 
Ahora mismo estoy trabajando con una coach que me está ayudando a neutralizar mi acento, aunque me encante el acento argentino, tuve que asumir que para ampliar mi registro como actriz tenía que ser capaz de hacer personajes españoles también. Debo decir que no es nada fácil, porque tenemos una tonada muy fuerte y marcada, pero con trabajo, constancia y buen oído se puede. 



Mi primer trabajo como actriz profesional fue un punto de inflexión entre un sueño que tuve durante muchos años en mi mente y la realidad. Fue un espectáculo infantil de Disney. Era genial porque hacía tres personajes en la misma obra; uno de ellos era el guiño cómico para el público adulto, y el director me dejaba improvisar. A la salida de cada función, me esperaban los padres para agradecerme por las risas y el buen rato que habían pasado junto a sus hijos. Llevamos la obra por todo el país, y estuvimos más de dos años en Calle Corrientes. Fue un comienzo inolvidable.

Te fuiste cinco días a Roma, y llevás casi dos años en Madrid, ¿cómo percibís tu vida ahora?
Estoy convencida de que nada de todo este presente hermoso que estoy viviendo hubiera pasado si no me hubiese arriesgado aquel día en el aeropuerto en Roma; día en el que decidí ir hacia  lo desconocido. Por eso, cada vez que tengo la oportunidad de hablar con gente que veo que está llena de ganas y de sueños, pero paralizada por el miedo, les animo a que lo intenten y que lo dejen todo en el intento, porque como me dijo mi padre aquél día cuando le conté lo que iba a hacer: "Siempre hay tiempo para volver".



Luego de todas las experiencias que estás viviendo, ¿qué te falta por hacer de ese gran muro de fotos colgado en tu habitación?
Uffff de todo!!! Pero si esto recién ha empezado, queda tanto todavía, muchos proyectos en mente, que prefiero no contar para que no se me “quemen”. Estoy llena de sueños, que también los guardo en una cajita de privacidad, para protegerlos de todo, pero por sobre todas las cosas, para que nunca se mueran, al fin de cuentas, ellos son los que me hacen saltar de la cama todos los días, incluso antes que suene el despertador.



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