Ciudadana del mundo





Historias de orilla a orilla




Natalia Scevola







Nacida el 20 de junio de 1980, entrerriana, maestra, fotógrafa, Natalia Scevola un día decidió emprender un viaje que la llevaría hacia lugares exóticos, ciudades lejanas y experiencias únicas. Desde la Florida, Estados Unidos, a punto de cumplir 35 años nos cuenta su receta: trabajar mucho, no acumular cosas pero si experiencias; poca ropa en la mochila y ganas de vivir.


"Host Family" en Estados Unidos
De maestra de primaria a estudiante de negocios en la University of Central Florida, Estados Unidos, a punto de graduarte en Business Management, ¿cómo llegás hasta acá?
Una tarde de 2003, estaba tomando mates con mi mamá en la cocina de casa en Caseros -un pequeño pueblo con casi dos mil habitantes, cercano a Concepción del Uruguay-, mientras corregía los cuadernos de mis alumnos de primer grado del Colegio Manuel Belgrano, escuché de repente en la radio, la cual está siempre prendida, un anuncio de una empresa que buscaba niñeras para ir a trabajar a Estados Unidos por un año.  Arranqué una hoja del cuaderno de notas y escribí el número de teléfono de la persona que estaba a cargo de ese programa de “Au-pairs”, y ahí empezó la historia.

¿Qué te llevó a considerar la idea de irte fuera del país?
Tal vez el haber nacido en un pueblo; siempre tuve la intriga de ver otras cosas, conocer gente diferente, ampliar mis horizontes, pero jamás pensé que mi camino estaría tan colmado de experiencias y lugares. Lo que también me empujó a salir, fue el estado de la economía en Argentina en ese momento. Desde la crisis del 2001,  me harté de vivir al límite y de no poder avanzar pese a mi esfuerzo y empeño por mejorar. Sabía que contaba con la capacidad y dedicación de quien quiere tener una vida como la gente y mi país no me proveía ninguna oportunidad en el futuro cercano. Tuve que preparar un montón de papeles: test de personalidad, de nivel de inglés, una carta para mi futura familia anfitriona y mandé unas cuantas fotos mostrando quien era yo, cómo era mi vida, entre otras cosas. Las envié por correo y seguí viviendo mi vida normalmente, pasaron muchos meses y no supe más nada. Las esperanzas de irme se desvanecían, hasta que un día recibí una llamada, en inglés, de una señora que quería “entrevistarme” para que fuera la niñera de sus dos hijas. A pesar de que el manejo del idioma era muy básico, nos logramos entender. Unos meses después, más específicamente, el 2 de abril de 2004, preparé mis maletas, y con mucha ansiedad, un poco de miedo pero con mucha alegría me despedí de mi familia y amigos y comencé mi gran viaje.

¿Cómo era lo que te esperaba en Estados Unidos?
El destino era San Francisco, California. La familia que me recibió estaba compuesta por una mamá divorciada, extremadamente inteligente, un poco hippie y con un gran corazón, dos nenas muy divertidas, hiperactivas y cariñosas, una perra dormilona y una gata que se escapaba de la casa con mucha facilidad. 

Luego vinieron los primeros viajes y experiencias, ¿cómo te mantenías económicamente?
Durante mi primer año en California, trabajé cuidando a esas nenas, la familia me ofrecía un pago semanal, un cuarto y un auto para mi propia movilidad. Luego, decidí quedarme a estudiar, continué como niñera y además paseaba un perro. Con el tiempo, conseguí trabajo en un restaurante italiano de hostess y más adelante de mesera. Pude ahorrar suficiente dinero para emprender mi primer viaje de un mes a Bombey y Goa en la India. Al año siguiente, me fui a Italia por otro mes y medio aunque también visite París, Londres y Barcelona. Luego recorrí México: DF, Oaxaca, Playa del Carmen, Cozumel, Tulum y el Cenote.  Y cuando volvía de visita a Argentina salía a conocer un poco más nuestra tierra, lugares como Mendoza, Salta, y con mis dos hermanos menores nos fuimos en tren a las Cataratas del Iguazú. 

De Estados Unidos a Brasil, un verdadero desafío. Contános el por qué de ese cambio.
Al graduarme de los estudios que estaba cursando, se me caducó la visa que me permitía estar legalmente en Estados Unidos, y no quería quedarme de forma irregular. Entonces, Brasil se cruzó en mi camino. Siempre tuve el sueño de vivir en el país carioca, por lo tanto, volví a armar valijas y partí.
De California me fui al nordeste brasileño, en Salvador (Bahía). Ahí trabajé de recepcionista y bartender en un hostal y de recepcionista en Río de Janeiro. En ambos casos, los hostales me proveían el alojamiento como parte de pago. Luego decidí cambiar de aires y me fui un verano a una isla de Grecia, llamada Creta, ahí trabajé de mesera en un restaurante griego para turistas que además tenía un Bed and Breakfast, así que ayudaba en la recepción, y por la noche trabajaba en un bar de los mismos dueños quienes me daban un departamento con vistas al mar, sin duda increíble. 
Pero todo concluye, y luego me mudé a Cartagena de Indias en Colombia. Ahí  alquilaba una habitación cerquita de la playa y conseguí trabajo como maestra de inglés en una escuela bilingüe muy prestigiosa en el área. 

Contános algunas anécdotas que forman parte de tu bitácora de viaje.
Tengo miles. Pero te puedo contar algunas, como aquella vez que fui a trabajar a un desfile de moda, en San Francisco y de casualidad pude conocer al dueño de Google.
Cuando vivía en Río de Janeiro, una amiga que iba a salir en el sambodromo con la escuela de samba Salgueiro, se dobló el tobillo el día antes de bailar. Como los lugares y los trajes ya están asignados, me pidió que saliera por ella, así que tuve la oportunidad de vivir el mejor carnaval del mundo desde dentro, junto a miles de personas. 
En la India, me hospedé con una familia hindú quienes me invitaron a la fiesta de fin de año, en la cual tuve el honor de usar un Zaari (vestido típico) de la hija de ellos. Una de los vestidos más bonitos que he usado en toda mi vida.
Como en los viajes, no todas las experiencias son bonitas, paseando por Barcelona, me robaron todo, incluyendo el pasaporte, pero, los viajeros tenemos un angelito especial, y mientras hacía la cola en el Consulado Argentino para tramitar un pasaporte de emergencia, justo alguien lo había devuelto, al pasaporte nomás (risas).
Soy una persona a la que le gustan las aventuras como saltar en paracaídas en California, bucear y zip lining en Costa Rica, surfear en Santa Cruz de California,  intentar sandboarding en Brasil, snowboarding en Lake Tahoe, escalar el Pan de Azúcar, hacer ala delta en Río de Janeiro y darme un baño en un volcán en Colombia. Esas son un poco las experiencias que he acumulado en mi mochila.


CARNAVALES

  



ALA DELTA EN RÍO




UN BAÑO EN EL VOLCÁN






Junto a su marido y su hijo
Luego, llegó el amor y el asentamiento.
Conocí a quien ahora es mi esposo cuando trabaja como recepcionista del hostal donde se hospedaba, fue amor a primera vista, lo recuerdo como si hubiese sucedido ayer. Brasil estaba jugando contra Holanda en el mundial de Sudáfrica. En Río no volaba ni una mosca, porque el seleccionado brasileño iba perdiendo y de repente en medio del partido llega Alex para hacer su check-in, yo quedé impactada. A lo largo de su estancia, en el hostal intercambiamos algunas charlas y una tarde, al salir de trabajar me invitó a caminar por la Orla, y desde ese día  sentí que era para siempre. Pero no creas que me fui con él inmediatamente, seguimos en contacto vía Skype y con visitas esporádicas por casi un año, hasta que procesamos mi visa y me mudé a Connecticut (EEUU). Aquí conseguí trabajo como Office Manager en una pequeña empresa local. Pero como acá el invierno es extremadamente frío y nieva toda la temporada, mi esposo comprendió que dicho clima y yo no congeniamos, por lo que nos mudamos a la Florida, donde el clima nos sienta mejor a los dos. Vivimos en Orlando, tuvimos a nuestro precioso hijo Lorenzo, y esa es la razón de nuestro asentamiento. Además durante su primer año de vida, me dediqué a él y ahora que está por cumplir los tres años, estoy terminando de estudiar lo que había empezado en California, había obtenido un Asociates Degree y ahora estoy yendo por un Bachelors Degree in Management.

¿Cómo es tu vida cotidiana en Orlando? 
Por la mañana nos despertamos con Lorenzo y nos preparamos un desayuno, algunas veces wafles, otras veces tostadas con mermelada, sin ningún lugar a dudas ese es mi momento favorito del día porque los dos estamos con pilas, con muchas ganas de hablar y de compartir. Después lo llevo a la guardería y voy a trabajar. En este momento, estoy haciendo una pasantía en una compañía sin fines de lucro que ayuda a empresarios hispanos a comenzar sus proyectos empresariales en la Florida. Durante la tarde voy a la universidad y a la tardecita vuelvo a mi rol de mamá/esposa.

¿Algún plan para el futuro cercano?
Nuestros planes para el futuro están llenos de viajes, pero este año nos vamos a quedar por acá, para poder terminar de estudiar. Si todo sale como lo planeado, voy a poder trabajar para alguna compañía que me permita trasladarme, porque me encantaría que mi hijo sea un ciudadano del mundo.

¿Qué significa cuando decís que te gustaría que Lorenzo sea un “ciudadano del mundo”?
Me gustaría que Lorenzo conozca mucho, que sepa que al fin y al cabo el mundo es uno y que no existe una línea que divide los países, que las hemos creado nosotros. Sueño al estilo Bob Marley, pero es lo que siento. A Argentina vamos para visitar a la familia y seguir conociendo sus rincones, pero ya viví 23 años allá y hay tantos otros lugares por conocer.







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eloisa patat

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