Con el corazón dividido



Historias de orilla a orilla


Andrea Kim





Andrea Kim nació en Seúl, Corea del Sur, pero a sus tres años emigró a Argentina junto con sus padres donde vivió casi toda su vida en Buenos Aires. En 2013, luego de haberse graduado de Ingeniera Agrónoma, decidió regresar a Paju, ciudad de la provincia de Gyeonggi-do donde vive en la actualidad. 


Andrea y su familia
Andrea es la más pequeña de la familia Kim, la cual está conformada por su padre Eduardo, su hermano Marcelo que vive en Los Ángeles (Estados Unidos) y su mamá Lidia quien lamentablemente falleció en 2012. Cursó sus estudios primeros en Munro y la secundaria en el barrio de Once, graduándose de Ingeniera Agrónoma en la Universidad de Buenos Aires. Luego de vivir casi toda su vida en el país, en 2013, decidió junto a su padre hacer una pausa en su vida argentina para retomar sus raíces surcoreanas. En la actualidad, vive en la ciudad de Paju, provincia de Gyeonggi-do, a unas dos horas de Seúl, capital de Corea del Sur.

¿Por qué emigraron a Argentina? 
Según lo que me contaron mis padres, dejamos Corea en 1985 en una época de inestabilidad económica y política donde todo era difícil y más con una familia que mantener. En ese momento, nos llegó una invitación de mi tío, que ya estaba viviendo en Argentina con su familia, de hecho mis primos nacieron allá, proponiéndonos irnos a vivir a ese país. Luego de que mis padres se replantearan la idea, tomaron coraje y decidieron que nuestra familia debía emprender un nuevo rumbo y así fue.

Junto a sus amistades en
Argentina
¿Cómo fue tu vida en Buenos Aires?
Tengo lindos recuerdos de mi infancia y adolescencia en Argentina. De chica básicamente viví en Gran Buenos Aires. Ni bien llegamos al país pasamos nuestros primeros años en Villa Adelina donde mi hermano comenzó el jardín y mis padres abrieron un pequeño local de ropa, ya que no podían ejercer sus respectivas profesiones (él ingeniero y ella maestra) por el tema del idioma que era una fuerte barrera cultural en ese entonces.
La etapa de mi infancia que más añoro es cuando vivía en el barrio de Munro donde cursé la primaria. De esa época, recuerdo que ni bien salíamos del colegio y terminábamos de almorzar íbamos a una plaza que estaba a la vuelta de mi casa y pasábamos toda la tarde con los vecinitos del barrio y sin darnos cuenta se hacía de noche; además, con mi hermano y otros compañeros practicábamos básquet en el club del barrio, Unión Vecinal Fomento y todos los fines de semana, junto con el resto del equipo, viajábamos en micro para jugar partidos en diferentes clubes. Luego nos mudamos a Once, una zona bien céntrica a pocas cuadras de la Plaza Miserere que tenía conexión con el ferrocarril Sarmiento. Allí pasé mis últimos años hasta fines del 2013, cuando retornamos a Corea.

¿En qué idioma se hablaba en tu casa?
Generalmente con mis padres me manejaba en coreano, para hacerles la vida más fácil, y cómoda, aunque también tuvieron que resignarse un poco porque cuando se dirigían a mí solían usar un coreano menos rebuscado, más sencillo. Igual siempre nos entendimos. En casa, era Yoo Ree (mi nombre en coreano) y Andrea para los amigos. 

¿Qué costumbre surcoreana han mantenido tus padres e inculcado durante los años que vivieron en Buenos Aires?
En mi caso no vengo de una familia muy apegada a las tradiciones, de hecho mi padre estando en Argentina no tenía mucho contacto con la colectividad, digamos que estaba más acriollado. Tal vez por eso mis padres no se preocuparon tanto por transmitir la cultura o costumbres coreanas más allá de la comida y el idioma. Pero sí me enseñaron, por ejemplo, el respeto a los mayores, que es un valor muy arraigado en  nuestra cultura y también el respeto a la diversidad. 

¿Qué costumbres argentinas mantenés en Corea?
Hay muchas cosas que se extrañan de Argentina. Es evidente que mudar de país te obliga a cambiar todo tipo de hábitos incluso la forma en que te comunicás con el mundo, pero salvo el idioma no tuve cambios radicales. Como les sucede a la mayoría de los argentinos que se radican fuera y con quienes me siento muy identificada, hay ciertas costumbres que trato de mantenerlas vivas y que hoy en día puede que las valore más estando aquí. Hace poco pude conseguir yerba con el juego de mate, cada tanto leo los diarios o escucho la radio por internet para actualizarme y seguir más de cerca lo que sucede en Argentina. Los argentinos (también me incluyo) son apasionados en muchas cosas. Se los admira por su facilidad de palabra y su capacidad de improvisación, siempre tienen algún tema para romper el hielo incluso cuando se está en un ascensor y es mejor discutir del clima que permanecer en silencio, es algo que también me sale espontáneamente estando aquí. Pero bueno, no todos reaccionan de la misma manera cuando te abrís porque acá la gente es algo más reservada (quizás condicionada por el ritmo de vida que se lleva y las exigencias del trabajo) y lo respeto. Al margen de eso durante el año que llevo viviendo en Corea también pude encontrarme con personas muy abiertas y cálidas. Aprendí en este corto tiempo que el venir de otro lugar te hace más crítico, vas entendiendo un poco mejor el mundo desde tu experiencia y no desde lo que te cuentan. Estando en Argentina me daba el gusto de ir al supermercado o a la verdulería más cercana a comprar frutas o hacer un asado el fin de semana cuando el tiempo lo permitía. Aquí los precios de los comestibles son relativamente altos en comparación a otros sectores como la indumentaria, o los artefactos electrónicos; eso se debe justamente a que es un país importador neto de alimentos. En cuanto al plano afectivo, lo que más extraño es el salir para encontrarme con mis amigas y con la gente que uno quiere, cosa que a la distancia ya es imposible a pesar de la facilidad que nos otorgan las herramientas cibernéticas de comunicación.

Andrea en Paju
Después de vivir prácticamente toda tu vida en Argentina, decidiste volver a Corea, ¿por qué?  
La verdad que no tengo muchas razones, volví para conocer mis raíces y explorar con más detalle cómo sería vivir en un país totalmente desconocido para mí, que sólo lo veía en fotos o videos. Creo que un poco también mi vuelta me sirvió para saber de dónde vengo. En cambio, el regreso de mi papá tiene otro significado, él  se fue de Corea a los 30 y pico mientras trabajaba como ingeniero industrial y mi mamá era maestra de Química en una escuela, con sus vidas armadas, amigos, la familia, así que cuando se repatrió fue volver a su hogar, aunque paralelamente experimentaba sentimientos encontrados dejando atrás hermosos recuerdos con personas entrañables como los amigos y vecinos. Quién hubiera pensado que mi papá aprendería a cebar mate, y que la yerba nunca faltaría en casa, es una costumbre que hasta el día de hoy la mantiene. De todos modos, no creo que Corea sea mi lugar en el mundo, siempre está en mis planes la idea de volver a Argentina porque me siento más identificada con la gente de allá.

Namsangol Hanok Village
¿Qué estás haciendo ahora?
Actualmente vivo con mi padre, porque llevamos poco tiempo aquí y estamos tratando de economizar gastos. Trabajé para una pequeña empresa de comercio exterior, en Seúl, cuyo fuerte era la exportación de materiales de acero y de construcción con clientes en su mayoría rusos y ucranianos, y otros del resto de Europa. Desde hace unos años comenzaron a incluir otros productos como el alimento para ganado, más que nada para importar y distribuirlos en el país, ya que Corea no se autoabastece en ese sentido. Fue algo que pasó sin haberlo buscado, había subido mi currículo en una de esas páginas de internet donde se ofrecen empleos, buscaban a alguien que manejara el español y que tuviera alguna formación en agricultura, se contactaron conmigo, mi perfil les encajó y así fue como ni bien pisé suelo coreano ya tenía mi primer trabajo. La verdad que fue una muy linda experiencia porque contactaba con diferentes personas de Latinoamérica, incluso al poco tiempo que ingresé tuve la oportunidad de viajar a diferentes países de la región como Chile, Brasil, Colombia, México y de paso Estados Unidos. De alguna que otra forma era como un punto de anclaje para conservar mis orígenes y tener siempre presente el lugar donde crecí y me formé. 


¿Cómo puede ser que Corea del Sur sea un país líder en producción tecnológica y no cultive alimentos?
Tradicionalmente la economía del país tenía una base agrícola muy fuerte pero con el tiempo se fue industrializando. Hoy en día, se cultiva y también se crían animales, pero son más bien a pequeña escala practicadas por pequeños agricultores integrada en su mayoría por los miembros de la familia. Los recursos naturales siempre fueron escasos porque la superficie es un factor limitante. Para sostener la economía, el país le encontró la vuelta invirtiendo en ciencia y tecnología, creando industrias electrónicas y exportando los bienes producidos al mercado internacional. Corea siempre tuvo arraigada la cultura del trabajo y creo que sin esta concepción tan clara y definida nada de esto hubiera sido posible.

El sistema educativo surcoreano ha sido uno de los primeros del mundo en llevar internet de banda ancha a cada institución escolar, ¿Qué diferencia hay en el sistema educativo universitario con respecto a Argentina?
Es verdad, Corea del Sur avanzó mucho en su política educativa y la herramienta tecnológica lo hizo a la par del desarrollo. Por ejemplo, en las escuelas se usan los textos en forma digital, también se dan clases por internet e incluso por TV para que puedas recuperar si perdiste alguna lección por cualquier motivo. Desconozco como es el sistema educativo en los niveles superiores, pero sí noto que hay un fuerte compromiso de los padres que invierten mucho dinero y tiempo en la formación de sus hijos ya desde muy pequeños. Pero detrás de ese escenario también encontrás la contracara, las jornadas de estudio son larguísimas (porque también hay que sumarle las horas extraescolares) y las grandes expectativas puestas en el rendimiento de los jóvenes, todo eso genera una presión enorme, así que el tema no deja de ser complejo. Acá contás con universidades tanto públicas como privadas, pero la educación en este nivel no es gratuita como si en Argentina. Las matrículas en las universidades nacionales, como mucho, son entre un treinta y un cincuenta por ciento más baratas que las privadas.

¿Cómo es la vida en un país que está en constante estado de alarma, a raíz de que la tensión entre las dos Coreas nunca decayó, y en 2013, se terminó la paz ya que Corea del Norte dio por concluido el armisticio debido a la intervención de Estados Unidos en la región, declarando la guerra total a Corea del Sur? 
Si bien viviendo en Argentina me limitaba únicamente a las noticias que daban cada tanto acerca del conflicto, sin fin, entre las dos Coreas, cuando llegué aquí pasó a ser un tema de debate cotidiano, no hay día que no se haga hincapié en la cuestión. Pero yo que casualmente vivo en Paju en una zona muy cerquita a la frontera, DMZ (zona desmilitarizada), curiosamente no noto ese ambiente de tensión en las calles, lo cual no significa que no estén sensibilizados con el tema, pero la gente aquí lleva su vida normalmente, sin presiones en ese sentido. Lo que sucede es que, en el día a día, ves a la gente focalizada más en otras cuestiones como el tema laboral, la presión del trabajo, el nivel de rivalidad que se refleja en muchos casos desde todos los ámbitos, la situación económica, la educación de los hijos desde edad muy temprana, etc.



Zona Desmilitarizada de Corea,
la frontera más custodiada del mundo.
Un poco sobre Corea del Sur:

Es la décima tercera economía más grande del mundo y está clasificado como país desarrollado por la ONU y el FMI. Se encuentra entre los países más avanzados tecnológicamente, es el tercer país con mayor número de usuarios de Internet de banda ancha y líder mundial en la industria de la construcción naval, encabezada por empresas como Hyundai Heavy Industries.
Si bien el jefe de Estado es el presidente, elegido para un único mandato de cinco años, éste nombra al Primer Ministro (Jefe de gobierno del país) quien desempeña muchas de las funciones del poder ejecutivo.

El problema de las dos coreas:

El problema entre las dos Coreas surge tras la guerra en 1950, ambas reclaman su soberanía sobre la península y sus islas periféricas. Si bien firmaron un armisticio, nunca llegaron a un acuerdo de paz, la cual se ha visto tambalear tras las pruebas de misiles de Corea del Norte en diversas oportunidades. Pese a la intervención de otros países y organismos internacionales, ambas Coreas se encuentran técnicamente desde el 2010 en guerra y comparten la frontera más fortificada del mundo.





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eloisa patat

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