Una historia de amor real



San Valentín


Georgina y Nicolás



San Valentín es el día en que los enamorados festejan su amor, es una fecha especial en la que se envían flores y se preparan cenas romanticas, con la idea de sorprender a esa persona a la que se quiere. Pero hay historias que merecen ser contadas y hoy una de nuestras lectoras de Paraná, Georgina Zanaschi, nos cuenta su propia historia de amor… ¿tendrá final feliz?


Nos conocimos con Nicolás, en 2008, una mañana en la que fui al trabajo de una amiga a buscar cajas para hacer una mudanza, esa fue la primera vez que nos cruzamos, y desde ese entonces, fui para él la “cartonera”.
Luego de grandes insistencias a su amiga Belén para que nos presentara, surgieron varias salidas, en las cuales se cansó de decirme que era un buen partido para mí. Creo que su perseverancia tuvo frutos, ayudado un poco por el destino, ya que en ese periodo debía rendir mi última materia, Marketing, de la carrera de Diseño de indumentaria, y por esas casualidades, Nico estaba estudiando Marketing. Nuestra primera cita fue trasnochar haciendo mi trabajo práctico final (el cual aprobé con nota sobresaliente). Y a partir de ahí, surgieron más salidas, y enseguida nos pusimos de novios.

Nuestra relación fue un camino de rosas, con sus espinas, porque luego de unos nueve meses decidimos poner fin a la relación. Cada uno siguió con su vida, estuvimos separados cuatro meses y en ese distanciamiento quedé embarazada de mi primera hija, Catalina. Hacía muy poco que nos habíamos peleado, yo creía que él aún sentía cosas por mí y que verme embarazada iba a causarle mucho dolor, además de lo que podrían contarle por ahí. Había decidido ser madre soltera, sacar a mi hija adelante sola, y aunque cada uno rehacía su vida por separado, sentía que lo correcto era contárselo en persona, por la historia que habíamos tenido. Así que junté coraje, fui hasta su casa cuando ya estaba de unos dos meses, y se lo conté. Obviamente ante semejante noticia, su reacción fue la que yo esperaba, me palmó la espalda, me deseó suerte y ese fue el final. Personalmente, estaba aterrada, me había recibido hace poco y trabajaba en un bar de noche, no tenía el mejor de lo panoramas o no era la realidad que una de pequeña sueña: casarse, tener una casa, crear una familia. Pero tuve el apoyo incondicional de mis padres y mis hermanos, sin ellos no sé qué hubiera pasado.

Al mes y medio, no sé bien cómo, volvimos a los mensajes con Nico, él me escribió para saber cómo estaba, cómo llevaba el embarazo, y así empezamos a vernos para tomar mates y charlar. Mi panza comenzó a crecer junto con los sentimientos de ambos, estaba todo muy confuso, pero volvimos a juntarnos, y esta vez, con otros planes. Estuvimos juntos en el nacimiento de Cata, vivió a mi lado el parto, pero al pasar los meses nos volvimos a separar. Había confusión por ambas partes, no se había acabado el amor, pero habíamos retomado la relación sin haber sanado la ruptura anterior, más todo lo que genera la llegada de un primer hijo, la inexperiencia, el estrés, el cansancio.

No fue la mejor época de mi vida, me sentía mal porque pensaba que estaba creando una mentira, además de no poder resolver el tema con el papá biológico de Cata.
Nuestros caminos volvieron a separarse, Nico se fue a trabajar a Rosario y yo me mudé sola con Cata y comencé a dar clases de moldearía. Pero él nunca pudo soltarla, cada fin de semana la venía a ver sin excepción.

El destino quiso que a finales de 2011 volviéramos, mejor dicho volviera a enamorarme de él. Se despertó en mi la pasión y el amor que compartíamos cuando empezamos a salir. Pero nada iba a ser sencillo, parecía como si estuviéramos representando la trama de una novela, cuando yo lo buscaba, él no estaba, no podíamos coincidir en la misma página. Recuerdo que Nico tenía programado un viaje a Guatemala durante el verano, fue muy duro para mí porque me sentía enamorada; durante todo el primer año de Cata, había procesado el tema de que las cosas no funcionarían como las había planificado de pequeña, que el cuento del príncipe azul era solo una fantasía. Una vez que acepté que mi historia iba a ser distinta a las convencionales y que no por eso tenía que ser sufrida, que en el fondo de mi corazón sabía que Nico me amaba, me relajé. Él volvió de su viaje pero yo estaba en Corrientes visitando a mi mamá. Me llamó, me dijo que quería ver a Cata, y así como llegó se tomó el primer colectivo a Corrientes. Se quedó todo el fin de semana, en teoría para ver a la niña pero sin hablar del tema, volvimos a salir.

Entre esas salidas y citas creo que le comenté que hacía varios años que no tenía vacaciones, y estaba enloquecida por ver el mar. Cuando llegó Semana Santa, nos invitó a pasar unos días a Salto Grande, pero era un viaje sorpresa hasta el mar.  Literalmente fue un viaje de locos, desde la primera noche en la que tuvimos que dormir en el auto porque no había hospedaje, hasta el llanto de Cata durante todo el recorrido, fueron los días más estresantes de nuestras vidas. Tal fue el caos, que volvimos convencidos, que lo nuestro no iba a resultar, y dos semanas después, POSITIVO. Un test de embarazo y Francesca se hacía presente en nuestras vidas. Estaba feliz porque estaba segura que amaba a Nico, aunque a él no le pasó lo mismo, en un principio. Otra vez tenía un viaje planificado, y partió a Cancún con un grupo de amigos, y a su vuelta me propuso irnos a vivir juntos y formar finalmente nuestra familia!


Y aquí estamos dos años después, con una hermosa familia, llena de aprendizajes, y amor. Hemos crecido a pasos agigantados en pocos años, somos una pareja que aprendió a comunicarse, compañeros que hablan muchísimo y creemos que la base de todo está en eso: en hablar, en esforzarse, en creer en las cosas que suceden siempre son para beneficio de uno. Y que aunque la novela tenga una historia enredada, si ambos quieren puede tener un final feliz, de esos que están en los cuentos.

Esta es nuestra historia de amor, una historia de verdad con subidas y bajadas, con alegrías y tristezas, abrazos y lágrimas.

Te amo, Nicolás Pinter, con toda mi alma y por eso me gustaría pedirte….



¿Me harías el honor de casarte conmigo?



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