Cultivando las raíces de la música argentina





Historias de orilla a orilla


Orlando Miño






Orlando Miño, es oriundo de Concordia, nació en el ´57 y se describe como un músico popular, especializado en la música y en los instrumentos del folclore argentino y latinoamericano. La vida le ha destinado a vivir en Bolivia, Brasil y Paraguay, pero en la actualidad se encuentra radicado en Holanda.


Orlando es un reconocido trovador entrerriano, cantante, compositor, e instrumentista, especializado en folclore latinoamericano. Dejó Argentina en 1993 decepcionado por la realidad que atravesaba el país. Aunque desde entonces vive en el exterior, nunca ha abandonado sus orígenes, cultivando las raíces de nuestra música en Ámsterdam, Holanda. 

¿De dónde surge tu relación con la música?
En mi familia no hay antecedentes musicales aunque si una gran afición por la música. Me considero un autodidacta aunque la verdad es que  tuve la suerte de trabajar desde mis comienzos junto a grandes músicos como Jorge Giuliano, Mónica Abraham, Perla Aguirre, El cuarteto de los Andes, Grupo Inkari, entre otros, de los que aprendí todo lo que sé. 

¿Cuándo y por qué dejaste Argentina?
Me fui de Argentina en octubre de 1993, cuando la presidencia de Carlos Menem arrasaba con todas las riquezas materiales y culturales del país, continuando el trabajo empezado por la dictadura militar y traicionando sus promesas electorales. El hecho definitorio fue la otorgación del indulto a la cúpula militar que había participado del golpe de estado más sangriento que haya tenido lugar en la historia de nuestro país.

¿En qué epóca viviste en Paraguay, Bolivia y Brasil? 
Durante los años de la dictadura militar tuve que salir del país puesto que la vida en Argentina se hacía muy difícil para mí, ya que estaba empezando con mi carrera de músico y la sola mención del folclore latinoamericano se convertía en un motivo de sospecha sobre de mis ideas y mis actividades. Como la idea de venir a Europa, en ese entonces, se me hacia intolerable, elegí viajar por diferentes países de Latinoamérica y de ese modo poder volver al país, aunque de un modo algo clandestino, en Buenos Aires todavía vivía mi familia más cercana, es decir mi madre y mis dos hermanos. He tenido distintos trabajos, desde trabajar en una estación de servicio en Asunción del Paraguay, hasta editar una revista de poesía como empleado de la Casa de la Cultura de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia.

¿Por qué elegiste Holanda como destino de residencia? 
En Holanda vivía mi hermana y acababa de nacer mi sobrina Paula, conocerla fue también un motivo, aunque más feliz, para decidir mi viaje y desde entonces vivo en Ámsterdam.

¿Te dedicás de lleno a la música?
Sí, trabajo con diferentes estilos de música, tocando como solista o con distintas agrupaciones, aunque siempre dentro de la música latinoamericana.

¿Qué instrumentos tocás?
La guitarra, el charango, el bombo, el cajón, y el bajo.

¿Cómo fueron tus primeros momentos en un país tan distinto?
Bueno calculo que como a muchos latinoamericanos les pasó, los primeros tiempos eran de bastante soledad y nostalgia, trabajaba en lo que podía y cómo podía ya que todavía mi situación no era legal. Por suerte, al poco tiempo de llegar conocí, a través de mi hermana, a la que hoy es mi esposa, Eugenia, con la que llevo 17 años de casado y tenemos a Layla, nuestra hija de 14 años. En casa también vive Penélope, de 23 años, hija del primer matrimonio de mi esposa y en Sudamérica, viven mis otros dos hijos: Cecilia de 39, en Paraguay y en Bolivia Pablo de 35.

¿Cómo manejás la distancia con tu familia? ¿Sos de viajar para verlos?
El último viaje a Argentina fue en julio del año pasado y vamos periódicamente, además, por motivos de mi trabajo tengo que estar forzosa y felizmente conectado de manera constante con nuestro país.

Con sus hijos en Buenos Aires
¿Cómo es tu vida cotidiana en Ámsterdam? 
Mi vida aquí es muy agradable, sobre todo los últimos años, ha sido muy apacible, esto último es una búsqueda o una necesidad que me ha surgido, pasado el período de trabajo de inserción en el plano laboral y social, ahora estoy disfrutando de poder estar en casa con la familia. Durante los períodos de mucho trabajo, como el que acaba de terminar, la actividad es bastante intensa, de muchos viajes, y no me quejo de eso, lo disfruto también muchísimo, pero cuando puedo quedarme en casa y atender a "mis chicas"  lo hago con profundo placer. 

Debutaste como músico en los 80, ganaste Cosquín con el grupo Aguapura. Contános sobre aquella época, cuando disfrutabas de la música en nuestro país.
Mi primera vez sobre un escenario de manera profesional fue con el Grupo Inkari  y calculo que habrá sido a finales del 79 o el 80. El grupo había nacido en los 70, de modo, que tenía ya una trayectoria muy extensa y exitosa, de hecho yo tenía dos de sus discos. Todo comenzó a través de un amigo, por él supe que necesitaban un percusionista y sin pensarlo fui a uno de los ensayos a ofrecerme como tal, a pesar de que hasta el momento solo tocaba la guitarra. No sé si fue por suerte, o necesidad, me tomaron para el puesto, con la generosidad añadida de prestarme los instrumentos ya que, como dije, nunca había tocado percusión. El caso es que en una semana había una actuación en un festival que organizaba una revista cultural y después de ensayar duro con los discos en casa y con el grupo y su director Jorge Wilckzec, salimos a tocar y así fue como me convertí en el integrante de Inkari hasta su disolución.
Después de eso viví un tiempo en Brasil y a mi regreso, con el núcleo de Inkari formamos Aguapura, fue también mi primera experiencia en el campo de la composición, dado que el planteo del nuevo grupo era trabajar sobre canciones propias y fueron esas canciones, las que en 1983, nos dieron la alegría de ganar el premio Revelación en Cosquín.

Tambien fuiste docente en la escuela Superior de Danzas de Buenos Aires, ¿Seguís vinculado a la docencia? ¿Algunos de tus hijos está relacionado a la música?
Así es, fui profesor de ritmos folclóricos e integrante del conjunto folclórico estable de la escuela. También trabajé como docente en el Centro Cultural “El eternauta”, ubicado en Caballitos. Fue una experiencia de la que guardo gratísimos recuerdos. Y aquí en Holanda, he participado de una actividad llamada “BuitenKunst”, se traduciría como “Arte afuera”, y se trata de campamentos culturales que se llevan a cabo en lugares de enorme belleza natural donde la gente lleva sus carpas y acampa y se dan lugar cursos de diferentes especialidades relacionadas con la danza, la música, la pintura, el teatro, etc. Allí he dado cursos sobre el movimiento de la nueva canción latinoamericana  o sobre los diferentes estilos de música latinoamericana de norte a sur, esto es una actividad que suelo realizar en los períodos de verano. 
Dos de mis hijos sí han heredado la pasión por la música, Pablo forma parte de un grupo llamado “La Luz Mandarina” en el que toca la guitarra eléctrica, canta y compone,  en Santa cruz de la Sierra donde vive, y Layla estudia guitarra, danza y canta muy bien .

¿Cómo encaja el folclore latinoamericano en la sociedad holandesa?
Aquí en Holanda se escucha bastante música latinoamericana, la música bailable caribeña es muy popular, también el tango es muy conocido en relación con la danza y existen numerosas academias donde aprender a bailarlo y milongas donde practicarlo. La música holandesa está muy relacionada con la música clásica, puesto que poseen una de las más prestigiosas orquestas de este tipo a nivel mundial y en cuanto a la música popular existe lo que se llama la música Joordanesa, un estilo específico de un barrio de Ámsterdam, pero famoso en todo el país.  
Además de cantante y compositor, trabajás con otros músicos en colaboraciones o en arreglos, tanto en Argentina como en Europa. Contános un poco sobre esta otra fase en relación a la música.
He hecho de todo un poco. Integré los grupos Inkari y Aguapura, donde empecé a componer,  fui arreglador y bajista de la cantante Perla Aguirre para su disco "Los fundadores del alma" en 1992, lo que me permitió trabajar a la par de figuras como Antonio Tarragó Ros, Raúl Carnota, Irupe Tarragó Ros o el maestro Arsenio Aguirre. Además fui percusionista del Cuarteto de los Andes, junto a quienes tuve el honor de acompañar a Ariel Ramírez. Y ya en Europa, integré el grupo Sapukay con quienes en París grabamos el disco "Son de los Diablos", editado por el sello francés Alpha en 2004. Fui percusionista y cantante de la gira Europea del bandoneonista argentino Gustavo Toker y cumplí la misma función en la gira “Meer dan Tango” (Más que tango) del pianista Juan Pablo Dobal, además de haber participado en numerosas colaboraciones para discos de diferentes artistas latinoamericanos. Por otra parte, algunas de mis canciones han sido utilizadas por artistas argentinos de la talla de Mónica Abraham, Julio Lacarra, Claudio Sosa, y el grupo Santaires, entre otros. 



El año pasado, se cumplían los 50 años de la obra “La Misa Criolla”. Hiciste más de 20 presentaciones de la obra del compositor argentino Ariel Ramiréz, con una gran convocatoria. ¿Qué te depara el 2015?
Cierto. Esta obra es muy querida por el público de este país, además se daba la ocasión de que en 2014 se cumplía medio siglo de su composición. Este año, empezaremos con los conciertos en mayo. En Den Haag, participaré junto a un grupo de músicos latinoamericanos y un coro holandés, de la "Misa por la Paz y la Justicia" también de Ariel Ramírez. Además está en proceso de grabación un nuevo disco como solista, con nuevas canciones de mi autoría  para el sello “BYM Registros de cultura”, el mismo que editara en 2012 mi álbum “A los amigos del alma”.

















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