Una vida dedicada al básquet



Historias de orilla a orilla 

Noelia Elizabeth Mendoza




Oriunda de Gualeguaychú, Noelia dejó su ciudad con tan sólo 16 años para jugar al básquet profesional en Buenos Aires. Integró numerosos equipos en Europa y vistió la celeste y blanca por más de una década. Hoy, ya alejada de las canchas, recuerda su vida en el mundo del básquet femenino.


Hoy, la vida de Noelia Elizabeth Mendoza como jugadora profesional de básquet ha quedado en sus recuerdos para dar paso a una rutina completamente distinta: en la actualidad trabaja como instructora en un gimnasio, es ordenanza en una escuela y acompañante de personas mayores. Sin embargo, su pasión por el deporte que le dio tantas satisfacciones sigue intacta; ella terminó sus días en el básquet en 2013, defendiendo los colores del club Independiente de su ciudad, Gualeguaychú. 

¿Cómo fue el inicio de tu carrera profesional?
A los 16 vivía en Gualeguaychú, estaba terminando el secundario y durante la semana entrenaba en el que era mi club en ese momento y lo complementaba con el trabajo físico en el gimnasio. Luego viajaba a Buenos Aires todos los jueves o viernes a entrenar y jugar durante el fin de semana. Mi carrera profesional fue como la de cualquiera de mis compañeras en el básquet femenino argentino, es decir, fue una carrera semi-profesional. En aquella época, si bien cobrabas por jugar, no se firmaban contratos, por lo que era muy común que los clubes te terminaran debiendo dinero, y tampoco teníamos el respaldo de la Federación como el básquet masculino. 

¿Cómo hacías con el colegio y las faltas?
Debido a la Ley Nacional del Deporte, los colegios y los profesores tenían un trato un poco más relajado con los estudiantes-deportistas. Por suerte, en mi escuela me consentían con el tema de las faltas, aunque cada vez que volvía a clase sabía que me tomaban examen. Siempre fui buena alumna, era lo único que me exigieron mis padres, así que nunca tuve problemas con el estudio y tampoco me llevé ninguna materia. 

¿Cómo fue tu experiencia en los equipos de Buenos Aires?
Me contrataron en el Club Atlético Obras Sanitarias de la Nación para formar parte del proyecto cuyo objetivo era lograr el ascenso, ya que en ese momento el equipo se encontraba en la Liga C Metropolitana. En esa época, comencé siendo cadete y goleadora del torneo. En dos años se cumplió el objetivo de ascender hasta la A; logramos ser campeonas invictas en ambos años. En mi tercera temporada, disputamos la Liga Nacional, recuerdo que le ganamos la final a Vélez. La siguiente temporada, Vélez me contrató, y mi paso por ese club fue una experiencia increíble, porque venía de jugar en Obras, club que ignoró el básquet femenino, debiendo dinero y perdiendo 36 jugadoras. Pero Vélez era otra cosa. Tenía mis temores ya que en esa época tenían a las mejores jugadoras del país, pero fue una grata sorpresa, encontré personas increíbles y conservo miles de anécdotas, recuerdos y amistades.

Noelia, caracterizada como mimo para
una obra en el Instituto Superior de
Perfeccionamiento y Especialización Docente
(ISPED).
En 2002 partiste hacia Europa, ¿cómo fueron esos años?
Luego de jugar el Mundial de China con el seleccionado argentino, me contrataron en un equipo de la ciudad de Cáceres, en la región de Extremadura (España). Fue un cambio significativo porque era la primera vez que me iba a vivir a un lugar que no conocía. Tuve una adaptación normal con respecto a convivir con otra cultura, al margen de que España es un país similar al nuestro, pero estaba lejos de mis raíces. Por suerte, no me costó adaptarme a la liga, al jugar como extranjera (no tenía pasaporte comunitario), era consciente que debía rendir en la cancha. La Liga Española es una liga profesional, los clubes cuentan con sponsors que hacen posibles los proyectos deportivos, fue un crecimiento en mi carrera profesional. 

Jugaste en varios clubes de España, Portugal y Suecia, ¿cuál fue tu mejor temporada? 
Mi mejor temporada fue en Tenerife (España), jugando la Liga Femenina 2, y en Madeira (Portugal), en la Liga Nacional. Durante todas esas temporadas crecí como jugadora de básquet; uno absorbe todo, desde conceptos tácticos hasta el roce físico en la cancha. Eso te educa para ser cada día más profesional. En el plano personal, el estar lejos de la familia, vivir momentos buenos, malos y otros peores, como es el caso de las lesiones, te hace crecer más rápido, ser responsable y madurar.

Equipo Central Entrerriano, 2009
En 2008 decidiste volver al país y dejar tu carrera en Europa, ¿por qué?
Fue una decisión repentina y muy personal. Por suerte luego llegó la oportunidad de jugar para Central Entrerriano, equipo con el que salimos campeonas nacionales y revolucionamos el básquet, imagínate que éramos un club del interior que le ganó a todos los equipos de Capital Federal. Después, en 2012 dejé de jugar pero al año siguiente decidí volver.  

Desde muy joven representaste los colores de la Selección Argentina en sudamericanos, panamericanos e incluso fuiste de la primera generación que consiguió la clasificación para disputar un Mundial. ¿Qué recuerdos tenés de tu paso por el seleccionado? 
Recuerdo que mi primera convocatoria para la Selección fue en diciembre de 1993, sólo tenía 14 años. Lo raro fue que dicha convocatoria coincidió con la cita para la preselección argentina de vóley (que en ese momento jugaba a la par del básquet). Obviamente elegí el básquet, y desde ese entonces comencé lo que sería una carrera profesional de más de 15 años. Jugar con la Selección era lo que más deseaba con mi corazón, lo único que me interesaba en la vida era jugar al básquet y divertirme practicándolo. Pero cuando fui por primera vez a entrenar al CENARD (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo), recuerdo que volví y no quería ir más, mi madre (ex jugadora) me habló y me convenció de que no abandonara, diciéndome que más adelante se lo agradecería. Pasado el tiempo, veo hacia atrás y recuerdo todos los momentos que viví y le doy la razón. 

¿Por qué te costó adaptarte?
Fue un cambio muy brusco, en esa época yo no era muy sociable y en los entrenamientos había muchas jugadoras de Capital que ya venían con experiencia en la Selección; yo era una novata, me sentía sapo de otro pozo. Pero siempre hay alguien especial, y en la concentración conocí a una gran persona, Dani Luchessi, ella era la única que se acercaba a las chicas del interior y nos hacía la vida un poco más fácil. Con el tiempo y los años en el seleccionado, fuimos como hermanas. Vivir la Selección Nacional tiene sus particularidades, como viajar con dirigentes que ni nos conocían o hacer viajes al otro lado del mundo, como el que hicimos a China en 2002, donde el cambio de horario fue tremendo. Eran las cinco de la mañana y con mi compañera Andrea Gale tomábamos mate como si fueran las seis de la tarde en Argentina.

Mundial de China, 2002
¿Qué significó para el seleccionado femenino clasificar para un mundial por primera vez? 
No éramos conscientes de lo que habíamos logrado, era un grupo increíble, siempre nos reíamos porque nos controlaban el peso y más de la mitad del equipo estaba excedido, por lo que nos daban trabajos físicos extra. Pero era un gran grupo humano y deportivamente eso influye mucho, nunca estuve en otro equipo que tuviera esa actitud para jugar. Ninguna superaba el metro ochenta y cinco, por lo que debíamos compensar la escasez de altura con actitud. Imagínate el desgaste físico que teníamos que afrontar en cada partido a nivel internacional. La clasificación para el Mundial la obtuvimos en el Panamericano del ´96 en México, con sede en Cancún y Chetumal. No comprendimos la magnitud de nuestro logro hasta que llegamos a la Argentina, donde supimos que habíamos hecho historia en el básquet femenino. Me llena de orgullo haber sido parte del primer equipo en clasificar a un mundial.

¿Qué se siente representar al país?
Al principio una no se da cuenta, pero cuando llega el torneo y te toca cantar el Himno Nacional es emocionante, a medida que pasan los años uno es más consciente de lo que vivió. Mi último mundial fue en República Checa, lo disfruté como ningún otro porque sabía que era el último y lo viví como todo deportista que experimenta una última oportunidad.

¿Te da pena no haber podido disputar unos Juegos Olímpicos?
Por supuesto, fue lo único que me faltó jugar. Pero luego miro hacia atrás y me siento realizada como basquetbolista. Viví de todo y disfruté de todos los momentos: ascensos, descensos, campeonatos, lesiones, viajes, triunfos, derrotas, desilusiones, castigos, objetivos, injusticias, logros personales y grupales. No me puedo quejar, tuve una gran experiencia deportiva. Además conocí muchísimos países como Chile, Uruguay, Colombia, Perú, Ecuador, Brasil, Bolivia, México, Canadá, Estados Unidos, Cuba, República Dominicana, Francia, España, China, Alemania, República Checa, Suecia, Portugal, Paraguay y Hungría.

De todos los lugares en los que has estado, ¿cuál te gustó más? 
Como país en general, me encantó España, y entre las ciudades puntuales, sin duda, París es increíble. Pero particularmente me agradaron las islas, porque amo la playa. Tuve la oportunidad de jugar en equipos que estaban en Tenerife y Menorca, en España, y Madeira, en Portugal. Luego, un país impactante fue Suecia. Experimenté el hecho de vivir a 20 grados bajo cero, amaneciendo a las ocho de la mañana y haciéndose de noche a las cuatro de la tarde.


Noelia con la camiseta nº 8, Club Independiente de Gualeguaychú


¿Cómo es tu vida en la actualidad ya retirada del básquet profesional?
Mi vida ha cambiado muchísimo. Actualmente estoy cursando el último año del Profesorado de Nivel Inicial (maestra jardinera). Aunque tengo tres trabajos, llevo la carrera al día y hasta hace poco me hacía tiempo para jugar al básquet. Jugaba en el Club Independiente de Gualeguaychú, pero lo tuve que dejar porque era un esfuerzo grandísimo compaginar el deporte con mi actual forma de vida, entre el trabajo y el estudio. Ahora duermo muy poco, estoy ocupada todo día, algo que era muy diferente cuando sólo me dedicaba al básquet profesional.  
















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