Una nueva vida en Albareto



Historia de orilla a orilla


Claudia Alejandra Acosta




Tanto Claudia como su marido Marcelo y sus cuatro hijos son oriundos de Paraná, del Barrio Santa Lucia. Por trabajo decidieron partir a Córdoba capital, donde vivieron por diez años antes de emigrar a Europa. Ahora viven en un pueblo en los Montes Apeninos italianos, Borgo Val di Taro. 


Claudia Alejandra Acosta siempre tuvo el sueño de vivir en el exterior con su marido Marcelo y sus cuatro hijos. En 2002, juntos se aventuraron a una nueva vida y ahora llevan doce años viviendo en los Montes Apeninos, en la provincia de Parma, Italia. Si bien añoran con volver, por ahora saben que su vida esta allí.

¿Cuándo decidieron partir hacia el exterior?
Con mi marido Marcelo siempre tuvimos en mente la idea de cómo sería vivir en el extranjero y se nos dio la oportunidad en 2002. Él tenía pasaporte europeo, por lo que decidimos partir cuando en la Argentina las cosas se pusieron bastante mal económicamente. En aquel entonces llevábamos unos diez años residiendo en Córdoba, por lo que nuestros corazones siempre estuvieron divididos entre Paraná y la capital cordobesa, donde tenemos muy buenos y queridos amigos.

¿Por qué eligieron Italia como destino? 
Es una historia un poco atípica. Mi marido adquirió la ciudadanía italiana por su abuelo, pero en verdad no teníamos a ningún pariente allá. Su apellido es Malvicino, originario de Castelnuovo Bormida, de la región Piemonte. Un día fuimos a la Cámara de Comercio Italiana en Córdoba y vimos algunas revistas italianas de diversas regiones, nos llevamos un par a casa y en ellas leímos sobre la despoblación de los pequeños pueblos de montaña. Siempre tuvimos el sueño de vivir en un lugar así, entonces miramos los nombres de los pueblos y enviamos algunos correos electrónicos a las municipalidades comentándoles que éramos una familia con deseos de emigrar. Al poco tiempo, cuatro de ellos nos contestaron y la sorpresa fue que el Intendente de Albareto, Carlo Berni, nos llamó al otro día, directamente al teléfono fijo de casa, comentándonos que estaba dispuesto a ayudarnos con lo necesario para radicarnos allá. Sin dudas fue una gran sorpresa. 

¿Viajó la familia completa?



Sí, somos una familia de seis integrantes, todos paranaenses. Tenemos cuatro hijos: Julián de 27, Agustina de 25, Lucila de 22 y Josefina de 21 años. También vino mi hermana, María Belén, quien luego se enamoró de un italiano y se casó formando una familia hermosa.

¿Cómo fue cerrar la etapa en la Argentina y partir a lo desconocido?
Era 8 de octubre de 2002, recuerdo bien el día porque es el cumpleaños de Marcelo. Primero viajó él solo, porque en Italia lo esperaba el intendente, quien le había conseguido un departamentito y trabajo en una fábrica del pueblo. Yo me quedé con mis hijos en Argentina para cerrar nuestras vidas. Fue muy doloroso, tuve que hacerme cargo de vender todas nuestras cosas, todos los muebles, arreglar los papeles de la escuela, despedirnos de los seres queridos; en fin, todo lo que conlleva el irte definitivamente de tu país. Nosotros viajamos el 5 de marzo al año siguiente. Todo se dio con tanta naturalidad que la persona que le había alquilado el departamento a mi marido nos alquiló también una casa, sin saber que luego este hombre se convertiría en el suegro de mi hermana, quien se casó con su hijo. 

Nuestra casa en Italia

¿Cómo se manejaron con el idioma?
Marcelo había hecho un curso de italiano antes de partir y se defendía, el problema es que en el pueblo hablan en un dialecto especial, lo que dificultaba la comunicación. Mientras tanto, en Argentina habíamos contratado una chica que nos enseñaba italiano a todos y así aprendimos lo básico hasta llegar allá. Los chicos enseguida empezaron la escuela, y si bien en Córdoba estaban en el último trimestre del año lectivo, a los cuatro los bajaron un año debido al idioma, por lo que perdieron ese año escolar. En la actualidad ya no es así, a los inmigrantes se les dan clases especiales y los integran al curso que les corresponde. También, el municipio de Albareto nos brindó de forma gratuita una maestra que venía a casa a darles apoyo en italiano. Y hoy ya lo hablamos con naturalidad. 

¿Cómo es el sistema educativo italiano?
Se divide en tres: Elementare  (de primer grado a quinto), Media (los tres años siguientes) y Superiore (nuestra secundaria). La escuela primaria estatal es gratuita, desde primer grado tienen inglés y dos días a la semana son de jornada completa. Los alumnos almuerzan en el comedor escolar, entran a las 8 de la mañana y salen a las 4 y media de la tarde. En cambio, en la secundaria van al colegio de lunes a sábado, de 8 a 13 horas. Son seis días lectivos y casi ni existen los feriados, por lo que la carga lectiva es grandísima. La universidad es distinta que en Argentina, la pública no es gratuita, aunque tampoco es demasiado costosa; sí lo es la privada. Hay numerosas becas que se otorgan en base a los promedios obtenidos y ventajas para los alumnos que trabajan. Una de mis hijas terminó el secundario con promedio 100, el puntaje más alto y al no tener ingresos por trabajo, enseguida le otorgaron la beca para estudiar. Luego se cambió de carrera y ahora está estudiando en una universidad privada, por eso ahora trabaja para costearse los estudios. 

¿En qué ciudad viven en la actualidad?
Al principio vivíamos en Albareto, un pueblo pequeño con el cual seguimos muy ligados, ya que ahí vive mi hermana y su familia. Pero en 2006 mi marido cambió de trabajo y decidimos comprar una casa en un pueblo más grande en los apeninos italianos llamado Borgo Val di taro. Estamos en un punto estratégico, limitamos con La Toscana  y la Spezia, lo que hace que estemos cerca del mar. Pertenecemos a la provincia de Parma  y estamos a una hora de la capital de la provincia. 

¿Cómo es su vida ahora?
La vida acá es tranquila. La gente es buena y cordial, pero al ser un pueblo primero te tienen que conocer para brindarse y abrirte la puerta de su casa. De ahí en más, tu “prestigio” va de boca en boca. Gracias a Dios nosotros somos lo que aparentamos, por lo que no fue difícil entrar en sus corazones. Este tipo de vida tiene sus cosas buenas y otras no tantas, creo que como toda vida en un pueblo. Es muy difícil encontrar trabajo, por lo cual los jóvenes tienen que emigrar a las grandes ciudades como Parma o Milán. Nuestras dos hijas estudian y trabajan afuera y los dos chicos aún viven con nosotros pero tienen que viajar en tren para ir a estudiar. Tuvimos la fortuna de poder comprarnos una casa donde tenemos mucho terreno y podemos permitirnos tres gatos y cinco perros, tres de ellos salchichas que nos trajimos de Argentina. Recuerdo que nuestros hijos nos dieron el ultimátum: “nosotros vamos si llevamos los perros”.  

¿Pudieron adaptarse rápidamente al nuevo estilo de vida?

Asadito en casa los domingos

Nuestros hijos tuvieron una adolescencia feliz, formaron parte de la banda musical del pueblo de Albareto y viajaron por todos lados, tanto en Italia como en Europa, y hasta viajaron a Nueva York. Una de nuestras hijas al terminar la secundaria, decidió irse Tavistok (Devon, Inglaterra) para trabajar como au pair y así perfeccionar su inglés. Julián es baterista y logró tocar para una orquesta reconocida del norte y en grandes cruceros turísticos. Todos se habituaron a vivir acá aunque ninguno olvida sus raíces argentinas. Seguimos tomando mate, comiendo dulce de leche y dulce de batata y, por supuesto, nunca falta el asado de los domingos gracias a que nuestro carnicero conoce los cortes de la carne argentina.

La casa durante el invierno
Entonces fue una decisión acertada.
Sí, claro. Pero nada es fácil, hay que trabajar muchísimo, por más años que llevemos aquí siempre seremos los argentinos, como allá será el tano o el gallego. Extrañamos a la familia, los hermanos, los amigos y hasta el olor de los árboles en flor o los pájaros, porque acá son diferentes. Extraño nuestra música, en especial el folclore, porque el tango es universal, como Maradona o Messi. Pero el balance es positivo, las experiencias vividas, el abrirse a otras culturas, hace que tengamos un gran enriquecimiento personal, aunque particularmente siempre pienso en mi tierra y en volver. Aprovecho para enviarle un beso grande a mi mamá Elvira que vive en el barrio Francisco Ramírez, a mi suegro Blas Antonio Caballero y a todos nuestros familiares y amigos que seguramente leerán esta nota.

¿De qué trabajan tus hijos?
Agustina, la mayor de las chicas, estudia para ser maestra jardinera en la Università degli studi di Parma y trabaja en un negocio en la ciudad vecina de Fidenza, como vendedora. Josefina, la menor, fue au pair en Inglaterra. Allí conoció a la familia Mills, que la acogió en su casa a cambio de cuidar a sus tres hijos; tenía diferentes funciones, desde llevarlos a sus actividades hasta prepararles la comida. Vivió con ellos casi un año, tuvo la suerte de poder viajar y aprender a dominar el inglés. Fue tal su buena predisposición hacia ellos que los Mills nos invitaron a su casa y deseaban que ella se quedara otro año más, aunque decidió volver. Ahora trabaja para la compañía francesa y multinacional Bricoman, aunque su sueño es ser actriz. Lucila viaja en tren a Reggio Emilia, a una hora y media de casa tres veces a la semana, porque está estudiando en una Escuela Internacional de Cómics, se especializa en dibujos animados en 3D. Para costearse los estudios trabaja en hostelería. Julián es el mayor, en Argentina estudiaba percusión en el conservatorio así que cuando llegó acá empezó a tocar para la Banda de Albareto, su maestro se dio cuenta de su talento y lo recomendó para tocar en la Orquesta Di Paolo Bertoli. Con ellos hizo cruceros por todo el Mediterráneo. También tocó con la orquesta Jury e Michelle, con la que recorrió muchos lugares de Italia y Europa.  

¿Y tu marido y vos?
Mi marido se quedó sin empleo al cerrar la fábrica donde trabajaba debido a la crisis que se está viviendo Italia, pero empezó de nuevo y ahora trabaja por su cuenta colocando revestimientos térmicos en los hogares. Como todo empezar, se hace cuesta arriba pero como buen argentino que es está acostumbrado a salir adelante. Y por lo que me toca, soy ama de casa aunque no me quedo quieta. Asisto a un sacerdote en su casa, hago compañía a los ancianos, pero mi gran pasión es la decoración, restauración y el reciclado. Trabajé en un hotel de montaña donde pinté e hice pátinas en las paredes, he redecorado y pintado algunas cocinas y baños de particulares, decoro botellas, muebles y todo lo que se pueda reutilizar. Mi página de Facebook es ilbellodellantico, allí se pueden ver mis creaciones. 

¿Sos feliz?
Sí, por supuesto. No todo en nuestra vida es color de rosa, pero seguimos adelante. Tuve la gran suerte de vivir un momento extraordinario y único en Roma, al ver al papa Francisco, nuestro Papa argentino, sin duda, un evento que pasará a la historia.





Tip cultural y turístico:

Fiesta Nacional del Hongo Porcino de Albareto


Cada año, durante el segundo fin de semana de septiembre, se celebra en la ciudad de Albareto la famosa Fiera Nazionale del Fungo Porcino. En las montañas que rodean la ciudad crecen los hongos porcini, una variedad muy preciada y reconocida en todo el mundo. La recogida de los hongos es una costumbre que se transmite desde hace muchos siglos, cuando llega la fecha, los locales y gente de alrededor suben a los bosques en busca del preciado manjar. Esta actividad aporta una ayuda económica importante para los pueblos de la zona. “La fiesta cuenta con más de 200 voluntarios, dos de nuestras hijas trabajan durante el festival de forma solidaria para el bien de la comunidad”, cuenta Claudia. Más información en la web oficial www.fieradialbareto.it








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