Walter Pérez: Un loco solidario

Nota de tapa

  

Oriundo de Concordia, deportista amateur y “superhéroe”, Walter unió los océanos Atlántico y Pacífico en un triatlón de 2.500 kilómetros. Apoyado por un sinfín de personas, el 20 de febrero de 2014 llegó a Viña del Mar (Chile) para coronar el gran desafío, luego de 18 días en bicicleta, nadando y corriendo por un fin solidario: la construcción de un refugio para mujeres víctimas de la violencia de género, que está por concretarse.



                                       



Walter Pérez, operador en Psicología Social, trabaja como promotor de Derechos en el Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia (Copnaf). Eso hace que, a diario, deba enfrentarse a problemáticas sociales relacionadas con la vulneración de los derechos. Junto a su familia ha vivido situaciones límite, como la de albergar en su propio hogar a mujeres y a sus hijos, víctimas de violencia y con riesgo de vida. De su sensibilidad por temas relacionados con la niñez, la adolescencia y la familia, surgió la idea de hacer "Una Locura Solidaria" para poder construir un Centro de Atención Integral y Refugio para Mujeres y Niños Víctimas de Violencia. La idea consistió en un recorrido de 2.500 kilómetros para unir los océanos Atlántico y Pacífico, que comenzó en la playa de Cassino, en Brasil, y lo llevó por Uruguay, Argentina y Chile en 18 días, andando en bicicleta, nadando y corriendo. ¿El objetivo? Recaudar fondos y llamar la atención para poder construir el refugio. 




¿Cómo surgió Una Locura Solidaria?
Nació como un proyecto familiar al encontrarnos con una alta demanda social, en cuanto a la necesidad de tener un espacio de atención integral específicamente para la mujer. Comencé a interiorizarme en el tema (leyes, protocolos, políticas de abordaje, etc.) y observé que la ley nacional 26.485 contempla esta posibilidad. Así surgió la gran pregunta: ¿cómo podría construir este centro de día y refugio para mujeres? Existían varias opciones, algunas muy convencionales, formales o racionales, pero después estaban las otras, aquellas que pudieran romper con todos los esquemas de forma creativa, no sólo para conseguir los recursos y construir el centro, sino también para acaparar la atención e involucrar de forma irremediable a todos; me refiero a empresarios, niños, niñas, familias, deportistas, funcionarios, periodistas y  todos aquellos que se animaran a soñar con un mundo de magia, esperanza, esfuerzo, superhéroes de carne y hueso que se la jugaran con todo; algo que fuera increíble de creer, pero suficientemente posible de realizar. Por eso lo llamé Una Locura Solidaria.

¿En qué consistió la idea?
Para llamar la atención tenía que ser una persona dispuesta a llevar su cuerpo al límite: completar un triatlón de 2.500 kilómetros, uniendo dos océanos y pasando por cuatro países, llevando la bandera universal de la Paz como estandarte, con un pronóstico poco alentador en cuanto a la forma física, escasos recursos económicos, sin recursos técnicos deportivos, pero decidido a todo, por una causa justa y noble a sus espaldas: “promover y construir un espacio para las mujeres víctimas de la violencia”.



Comentás que tu estado físico no era alentador. ¿Cómo te encontrabas antes de empezar este desafío?
Antes de comenzar con el desafío fui a un médico deportólogo, quien me derivó a un cardiólogo porque tenía la presión muy alta y era necesario realizarme una prueba de esfuerzo físico antes de comenzar cualquier plan de entrenamiento, sobre todo por los altos objetivos que me había planteado. Al realizar la prueba de fuerza, el cardiólogo me dijo que iba a ser imposible llevar a cabo semejante travesía, y aún peor, era necesario someterme a un tratamiento. De esa manera, con voluntad y mucha paciencia comencé una dieta y empecé sólo a caminar porque era peligroso el problema de la presión. La recuperación me llevó dos meses. Luego, ya podía comenzar a trotar suave, pasear en bicicleta y nadar muy progresivamente. Siguiendo los controles rutinarios y respetando al pie de la letra todos los requerimientos técnicos profesionales, vi como mi cuerpo se recuperaba. Esto fue posible ya que me motivaba una sola cosa: poder realizar el desafío para construir el refugio. A los seis meses ya estaba listo para afrontar una carrera de distancia ironman: 3,8 kilómetros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42 kilómetros de pedestrismo. 

Uniste cuatro países en un corredor bioceánico, desde Brasil a Chile, nadando, en bici y corriendo durante 18 días. ¿Cómo fue la travesía?
El desafío arrancó el 3 de febrero, el primer día fue el más duro y me llevó diez horas. Ese día nadé 3.000 metros, pedaleé 150 kilómetros y corrí otros 20 bajo un clima desfavorable, con niveles elevados de humedad y un calor sofocante, que superaba los 40 grados. En esta primera etapa pasé por unos repechos interminables de más de 15 kilómetros, con viento cruzado y en contra, que hacían que mi promedio de velocidad bajara considerablemente. El segundo día fue de similares características, y en el tercero, mi cuerpo comenzó a hacerse sentir por temas propios a la adaptación, ya que en 72 horas había completado la misma cantidad de kilómetros que en etapa de entrenamientos realizaba en una semana. Me sentía abatido tanto física como psicológicamente, pero me ayudó pensar que se trataba de una prueba de la que saldría fortalecido o derrotado. A partir de ese momento, hice un pacto de cuerpo y mente para dejarme llevar por el propósito de Dios, ya que en cada paso sentíamos su presencia y omnipotencia, la cual era transmitida al grupo que me acompañaba en cada oración, en cada obstáculo resuelto y así hasta el final de los 2.500 kilómetros. Todo esto nos transformó en hombres y mujeres de fe, más fuertes y creativos ante las dificultades.

¿En qué pensabas mientras hacías tantos kilómetros? 
Traté de pensar en cosas bellas, observar mi entorno, hablar con Dios. También me metía en mi mundo interno y recordaba cosas del pasado para proyectar el futuro, y obviamente, pensaba y analizaba cada minuto del desafío: el viento, la velocidad, la temperatura, los pequeños desgarros musculares, la distribución de la fuerza, la cantidad de agua y sales minerales que debía ingerir, la nutrición. Me proponía objetivos inmediatos con recompensas si lograba cumplirlo: “Si subo esta cuesta, al llegar arriba me como una nuez y un puñado de pasas de uva” o, “si cumplo con esta etapa a la noche me tomo una lata de gaseosa”. Fantaseaba cosas, algunas producto de deseos inconscientes y otras producto del cansancio y del agotamiento físico; también miraba la ruta para esquivar cualquier obstáculo que se podía interponer en el camino (palos, piedras, animales, baches o vidrios). Fueron muchas horas en las que debía mantenerme concentrado en cada detalle.






Terminaste el desafío en la ciudad chilena de Viña del Mar.
La meta fue llegar a la Playa Acapulco, en Viña del Mar, bajo un marco muy emotivo, ya que no sólo finalizábamos con el desafío de 2.500 kilómetros, sino que también comenzaba una nueva etapa tanto para Una Locura Solidaria como para cada uno de los que vivimos la travesía como algo personal y propio. Marcó el inicio de nuevos proyectos, nuevos vínculos, nuevos compromisos y la vuelta a la calma, después de 18 días de pensar sólo en el aquí y ahora. En ese momento no sabíamos a ciencia cierta lo que habíamos logrado, no éramos capaces de comprender la repercusión que habíamos tenido ni tampoco lo asimilábamos interiormente. Luego de que pasaron los días, pudimos dimensionar el nivel de extensión obtenido y empezamos a ver otras personas que se interesaban en el tema que nos motivaba, la violencia de género. 

¿Recibieron el apoyo de empresas?
Logramos la participación de varias pequeñas y medianas empresas de Concordia; es sumamente entendible que haya habido grandes empresas que se negaran, seguramente por la falta de confianza en que un operador en Psicología Social, con sobrepeso y con escasos logros deportivos pudiera realizar, junto a otras personas, un proyecto solidario de magnitudes extremas casi increíbles. Lo importante es que a partir de haber finalizado este desafío hemos demostrado que cuando alguien hace las cosas con fe, entusiasmo y por una causa noble, puede ser igual o más efectivo que aquellos que tienen los recursos económicos a disposición y el acompañamiento de grandes patrocinadores. A partir de aquí, con 2.500 kilómetros recorridos, una película documental en producción sobre toda la travesía, la próxima construcción de dos Centros de Atención Integral para Mujeres (uno en Concordia y otro en Río Tercero),  declaraciones de Interés Municipal de varios municipios de la República Argentina y declaraciones de las cámaras de Diputados y Senadores; y luego de haber sensibilizado tanto a la prensa local, provincial y nacional, tanto como a la población de cuatro países, sería bueno que estas empresas que portan la bandera de  la responsabilidad social nos ayudaran a concretar otros proyectos deportivos solidarios, no sólo en nuestra provincia sino también fuera de ella.  

¿Dónde se destinará lo recaudado? 
Todo será destinado a la Cooperativa La Roca Ltada., una empresa con responsabilidad social de Concordia, nuestra institución madrina, que desde el inicio de Una Locura Solidaria confió y acompañó el proceso para que esto se hiciera realidad. Paralelamente a nuestro desafío, la cooperativa se encontraba trabajando, capacitando y gestionando todos los recursos necesarios para que junto a otras instituciones, en un lapso de tiempo relativamente corto, podamos anunciar lo que será el Centro de Día y Refugio para Mujeres Víctimas de Violencia, que nace de la solidaridad de todos. Obviamente, todavía faltan recursos, sobre todo aquellos que tienen que ver con el mobiliario, desde colchones y sábanas hasta electrodomésticos, pero sabemos que son elementos que se pueden conseguir a medida que se comience con la construcción del centro.



Una Locura Solidaria obtuvo el sponsoreo de diversas empresas que hicieron su aporte económico. Todo lo recaudado fue entregado a la Cooperativa La Roca Ltada., de Concordia, que está comenzando la construcción de un Centro de Atención Integral y Refugio para Mujeres y Niños Víctimas de Violencia.








Mencionás que tu familia estuvo siempre con vos. ¿Cómo vivieron ellos tus etapas?
Jugaron un papel fundamental, ya que para lograr un proyecto de esta magnitud es fundamental contar con el apoyo y compañía de la familia, que me acompañó desde aquel primer día en que se me ocurrió el desafío. Ellos tuvieron que soportar largas horas de ausencias, por los entrenamientos y las gestiones organizativas, había días que la jornada comenzaba a las 4:30 de la mañana en bicicleta y corriendo, luego obviamente tenía que ir a mi trabajo, y finalizaba el día a las once de la noche con un entrenamiento de natación. Hay que estar muy seguro y ser fuerte a la hora de planificar y sostener un programa de este estilo por un año. 

También te acompañaron deportistas reconocidos.
A lo largo del recorrido fui recibido y acompañado por diferentes deportistas, tanto amateurs como profesionales, con grandes logros deportivos en su haber. Entre ellos puedo nombrar a Rogelio García Costa, Cairo Pereyra, los nadadores Javier Barrionuevo, Mariano Anziani, Daniela y Mariano Moretto, los runners Dario Ciruzzi, Poema Actis y otros deportistas de otras ramas que se sumaron a la cruzada solidaria a modo de apoyo, como el prestigioso y reconocido paracaidista Gustavo Pascuti, quien nos agasajó en la ciudad de Río Tercero con un salto que nos dejó con la boca abierta. Sinceramente sería injusto si no mencionara a todos, tuve la suerte de recibir el apoyo de muchísimos atletas y grupos de cicloturistas, nadadores, kayakistas, triatletas, corredores, que tal vez no sean reconocidos en el ambiente deportivo profesional, como también es mi caso, pero que tienen un alto compromiso con el deporte. 





Hay equipo

Todo superhéroe tiene un equipo de apoyo. ¿Quiénes formaron parte del tuyo? 



Para desarrollar el desafío tuvimos que armar un equipo que tuviera la capacidad de adaptación a situaciones desconocidas, ya que ninguno de nosotros habíamos experimentado situaciones similares, y si bien teníamos roles dinámicos, también nos habíamos dividido en tres grandes grupos: uno estaría destinado a garantizar las necesidades propias del desafío y del atleta, así fue como Cacho y Anita se encargaron de la seguridad en la ruta, la nutrición, hidratación, indumentaria y traslado del equipo técnico. Otro grupo lo formaban Jesica y Marta, encargadas de la gestión del alojamiento, la comida y los descansos. Y en el último equipo estaban Matías y Oswaldo, de la Productora Chinito-Chinito y Ameg Fotografías, respectivamente, quienes fueron los encargados de la comunicación, información y registro audiovisual de toda la travesía. Pero no puedo dejar de mencionar a los demás integrantes, quienes fueron aportando en las diferentes áreas y que sin ellos hubiese sido imposible concretar el desafío: el ciclista Luis Ferreyra, quien me acompañó en ocho etapas; la asistente en todas las áreas, Alma; Lucrecia, quien cuidó de mis hijos, Josefina y Tomás, quienes además me acompañaron a lo largo del desafío y le ponían la cuota de ternura, alegría, risas y fantasía al viaje. También tengo que agradecer a Mariano, Charly, José y Daniel, los choferes que nos llevaron y trajeron sanos y salvos y agradecer todo el apoyo externo de las diferentes instituciones como el Gobierno de Entre Ríos (contribuyó con un vehículo y apoyo económico) y a la Municipalidad de Concordia, que decretó a Una Locura Solidaria de Interés Deportivo y Solidario.  


El recorrido, según Walter Pérez

La etapa más bonita
“Sin duda, la más bonita del recorrido fue cuando un niño mendocino, que se encontraba junto a su familia protestando por falta de ayuda a los damnificados por las lluvias, me regaló un racimo de uvas, lo cual me hizo pensar en lo hermoso que es dar pero también recibir, sobre todo cuando alguien lo hace de corazón; fue un gran aprendizaje”.

La etapa más esperada
“Cuando llegué a mi ciudad, Concordia. Allí iba a poder sondear parte del logro y así fue: muchas familias agolpadas esperando que llegara nadando al puerto de la ciudad, demostrándome su afecto, cariño y proyección de sus propias expectativas y deseos de logros. Algo similar me pasó en Paraná, y también en San Francisco y Río Tercero (Córdoba) cuando pudimos visualizar lo que estábamos generando. En Río Tercero, logramos que un grupo de “locas solidarias” junto a la Cooperativa de Obras y Servicios Públicos y la Municipalidad de Río Tercero se comprometieran a inaugurar su Centro de Atención Integral y Refugio para Mujeres y Niños Víctimas de Violencia, del cual nos nombraron padrinos”.

La etapa más emotiva
“Cuando mi esposa, antes de largar con el desafío, leyó un versículo de la Biblia del Profeta Isaías, que dice: ‘Marcharé al frente de ti, y allanaré las montañas; haré pedazos las puertas de bronce y cortaré los cerrojos de hierro. Te daré los tesoros de las tinieblas, y las riquezas guardadas en lugares secretos, para que sepas que yo soy el Señor, el Dios de Israel, que te llama por tu nombre’. En ese momento sentí la presencia de Dios y me lancé a lo desconocido; la promesa estaba hecha, y así fue… Me allanó las montañas en los momentos difíciles, nos abrió puertas impensadas y nos mostró aquellos tesoros escondidos que uno lleva consigo pero no los reconoce y también a recoger esos tesoros escondidos que eran aquellas personas que encontramos a lo largo del camino, ni más ni menos que nosotros mismos”. 

¿Se viene alguna otra locura solidaria pronto? 
Aunque suene increíble, iba por la mitad de los 2.500 kilómetros y en mi cabeza daba vuelta los 5.000 que separan La Quiaca de Ushuaia. Pero volvamos a la pregunta; por ahora no, todavía hay mucho por hacer ya que así fue la demanda de este desafío.

Tu mensaje para la gente....
Jamás permitan que el miedo les robe los sueños. Para lograr esto, uno debe esforzarse, estudiar, ser paciente y creer en Dios.

Otra Locura Solidaria
El 29 de marzo, Walter Pérez realizó otra locura solidaria, esta vez para ayudar a Rosana Gómez, de 37 años, quien necesita un trasplante de córnea para su ojo derecho y, para poder hacerlo, necesitaba 50 mil pesos. Para esto, ella había organizado una fiesta show, pero pocos días antes sólo había vendido algunas entradas. “Entonces le propuse que el jueves 27 de marzo (¡después me di cuenta que justo era el día de mi cumpleaños!) haría una maratón por diferentes barrios de Concordia con el objetivo de finalizar cuando lográramos vender las 230 entradas previstas para la cena solidaria. Empezamos a difundir la iniciativa, a salir en los medios, y como todos ya estaban pendientes de Una Locura Solidaria, logramos tal impacto mediático que el día antes de la maratón ¡ya habíamos vendido todas las entradas! Igualmente largué a las 8 de la mañana y pasé por todos los barrios de Concordia. Finalicé a las 20 hs., cuando festejamos mi cumpleaños en la plaza principal. La cena a beneficio fue un éxito y se logró juntar todo lo necesario para realizarse el trasplante”, cuenta Walter.



Sé parte de Una Locura Solidaria

Actualmente está por comenzar la construcción del Centro de Atención Integral y Refugio para Mujeres y Niños Víctimas de Violencia y está faltando mobiliarios como camas, cocina, heladera y demás electrodomésticos. Para demostrar transparencia se prefieren recursos materiales, las donaciones de dinero se entregan a la Cooperativa La Roca Ltada. 

Teléfono de contacto: 345 4248982.  
Facebook: Una Locura Solidaria
E-mail: unalocurasolidariayahoo.com.ar 
Twitter: #unalocurasolidaria @desafio2500km





Fotografías de Una Locura Solidaria: Ameg Fotografía - Oswaldo Ramos



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