Rodeada de música




Nota de tapa Revista Orillas



A los 17 años y luego de haber finalizado el secundario en la Escuela Normal de Paraná, esta joven paranaense viajó a Suecia por un año para vivir la experiencia de ser una estudiante de intercambio y así profundizar sus conocimientos en flauta traversa.  

Con sólo 18 años, la joven paranaense María Alejandrina Tinta Segovia ya tiene muy en claro hacia dónde quiere ir: actualmente está estudiando canto y flauta traversa, y para perfeccionar sus estudios en el instrumento, pasó un año en Suecia, a los 17 años y luego de haber terminado el secundario en la Escuela Normal de Paraná. Allí formó parte de coros, ensambles y una orquesta. “Actualmente estoy cursando la carrera de nivel medio de flauta traversa en la Escuela de Música Profesor Constancio Carminio de Paraná —cuenta Alejandrina—. Estoy en sexto año (son nueve en total) y me quedan otros cuatro para graduarme en este instrumento. Pero como soy una enamorada de la escuela y no quisiera irme nunca de ahí, también me inscribí en la carrera de canto. He tenido grandes profesoras, como Alejandra Martínez, quien me enseñó a tocar la flauta, y Andrea Laporta, quien me educó la voz. Además, soy estudiante de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Entre Ríos”.

¿Qué te apasiona tanto de la escuela? 
Cada vez que pongo un pie en la escuela de música entro a un mundo distinto, te llena el alma y te enamorás de tal manera que no podés dejarlo nunca más.

¿Por qué elegiste la flauta traversa como tu instrumento? 
La flauta tiene un sonido especial, siempre me gustó. Al mismo tiempo, no es un instrumento simple de tocar y soy una persona a la que le gustan los desafíos. Desde pequeña, crecí en una casa donde la música es más que un hobby, es una actividad muy importante; desde que tengo uso de razón siempre he estado rodeada de música y actividades que tienen que ver con ella. Uno de los primeros recuerdos que tengo son las idas al teatro con toda la familia a ver a la orquesta sinfónica, y después irnos a comer pizza. En mi casa somos todos músicos, mi hermana baila danzas folclóricas desde los cuatro años, y mi hermano toca la batería.

La Flauta Traversa

Es un instrumento musical de viento y, a pesar de que está hecho de metal, está considerado dentro de la familia de los instrumentos de viento de madera, debido a que antiguamente era de ese material. Consiste en tubo de 67 centímetros de largo y 19 milímetros de diámetro, dividido en tres partes: cabeza, cuerpo y pie. Cuenta con 13 agujeros para los dedos de las manos, y una llave para cada uno. Es uno de los instrumentos de viento más complicados de tocar, sobre todo por la posición en que debe ubicarse para hacerla sonar.





¿Qué clase de música tocas? 
En Argentina toco más que nada clásico, pero cuando estuve en Suecia pude experimentar el pop, lo acústico, el jazz y el rock sinfónico. En este momento sólo estoy tocando en la escuela, pero para cuando empiece el año lectivo tengo un montón de ideas y de energía para comenzar a hacer
proyectos con mis compañeros.

¿Desde cuándo te dedicás también al canto?
Desde los tres años canté en coros con Andrea Laporta, y lo sigo haciendo. El canto siempre ha sido mi pasión. Canto de todo y en diferentes idiomas, me gusta mucho la música popular, pero también la clásica. En Suecia me dediqué más que nada a la flauta, pero también canté en un coro y en un ensamble. Cantar en sueco no fue difícil, y fue una de las cosas que más me ayudó con la pronunciación; a pesar de no tener idea de lo que decía mientras cantaba, leía y copiaba lo que los demás decían, y si no sabía cómo pronunciar algo, lo preguntaba. Lo único difícil era acordarme de la letra cuando teníamos que cantar en los conciertos ¡sin partitura!

¿Cómo surgió la idea de viajar como estudiante de intercambio? 
Todo empezó hace muchos años atrás, cuando mi familia y yo decidimos alojar a una chica de Estados Unidos. Era una experiencia rara y nueva para nosotros, compartir nuestro hogar y nuestras vidas con alguien proveniente de una cultura completamente diferente y sin hablar español, por lo que nos comunicábamos a través de señas. Al ver la experiencia que Cordelia Pérez mi hermana estadounidense estuvo en mi casa, en mi país durante todo un año, conociendo y aprendiendo cosas nuevas, me dio ganas de hacer lo mismo.  El destino quiso que mis primeros intentos de irme a Alemania y Francia no se dieran, y luego de un tiempo llegó la oportunidad de Suecia. 

¿Cómo llegó dicha oportunidad? 
Estaba triste porque recibía respuestas negativas a las peticiones para hacer los intercambios en aquellos países, y un día, a una amiga de mi abuela se le ocurre la genial idea de hablar con otra amiga suya que vive en Suecia, Rosita Wijkander, y todo salió tan bien que en menos de un mes, estaba en camino. 

¿Cómo fueron esos primeros momentos en tierra sueca? 
El 27 diciembre de 2012, estaba arriba del avión en camino a realizar mi sueño. Cuando aterricé en Trollhättan solamente hacía cero grados, "calor" comparado con lo que se iba a venir.  

¿Tenías que asistir a clases normales y a las clases específicas de música? 
El 7 de enero comencé las clases en Magnus Åbergsgymnasiet, una escuela secundaria que tenía en su programa estético una especialización en música. Siempre había tenido la idea de que los suecos, en general los nórdicos, eran personas frías, poco comunicativas y demasiado tranquilas, pero la realidad me sorprendió, porque desde el primer momento, todos me recibieron con los brazos abiertos, y aportaron cada uno un poquito para que mi adaptación sea lo más rápida posible y mi experiencia en su país sea inolvidable.



¿Cómo es la forma de enseñanza de música en la escuela? 
Teníamos tres ensambles por trimestre, en mi caso pude experimentar con distintos ritmos, Jazz, acústicos y canté en el ensamble de una comedia musical  “Chess”, que se representó en la escuela. También teníamos coro, audioperceptiva, historia del arte, y las clásicas materias de una escuela secundaria, como historia, lengua y literatura sueca, inglés, francés, etc.  Fui integrante de la Orquesta Sinfónica Juvenil N3. Con ellos hicimos varias obras como Rhapsody in Rock, Carnaval des animaux, y pudimos tocar con artistas suecos muy reconocidos como Robert Wells y Agnes Carlsson. 



¿Qué te aportó de distinto aprender música en Suecia? 
El estar en Suecia me aportó experiencia. El hecho de haber tocado en recitales de cinco mil personas es inolvidable. Yo me fui de acá sabiendo tocar la flauta, y allá apliqué mis conocimientos, para poder ser parte de los ensambles y la orquesta. 

¿Cómo era tu vida cotidiana? 
Vivir en Suecia es muy distinto a lo que nosotros estamos acostumbrados, los días son muy cortos en invierno, el sol sale a las ocho de la mañana y se pone a las a las tres de la tarde. Cuando son las seis, uno siente que ya fuera medianoche. El almuerzo lo hacíamos en la escuela a las 11 de la mañana y la cena la hacíamos en casa como tarde a las seis de la tarde. En verano, es todo lo contrario, el sol sale a las tres de la mañana y se pone a las doce de la noche. 

¿Tenían momentos de ocio y de comunicación? 
Nuestra “hora del mate”, ese espacio para charlar con la familia, venía después de la cena, ya que quedaba un rato largo hasta que nos íbamos a la cama. Los suecos no toman mate, pero al tener muchísima inmigración árabe, especialmente los sirios, que toman mate como nosotros, podía encontrar yerba en los supermercados. No era raro ver los paquetes en las góndolas, con la indicación “industria argentina” en español, y todo el resto de información escrita en árabe.  
  
¿Qué hacías en tu tiempo libre? 
Me gustaba mucho ir a patinar sobre hielo, nos juntábamos a "fikar" (merendar en sueco) con mis amigos. Además había otros alumnos de intercambio como yo, solíamos juntarnos para compartir experiencias culturales nuevas con mis amigas de Francia, Italia y Tonga. Además andaba mucho en bicicleta, el sistema de bicisendas estaba por toda la ciudad. 

¿Cómo son los jóvenes allá? ¿Cómo te comunicabas con ellos? 
En general, los adolescentes suecos son distintos en muchas formas a los nuestros pero a la vez iguales, son muy atléticos porque hacen mucho deporte y la mayoría tocan algún instrumento musical. Todos dominan el inglés, aunque como mi intención era aprender el idioma local, me ayudaban con el sueco. No fue fácil, pero en cuatro meses podía comunicarme y entender lo que me decían. Mi madre anfitriona, Rosita, era profesora de sueco y ella también me ayudaba con lecciones en casa y al haber tantos inmigrantes existen cursos de sueco en todos los niveles. 

¿Se habla español allá? 
Es uno de los idiomas extranjeros más importantes. Disponen de un montón de material y libros para aprenderlo, lo que me sirvió a mí para aprender sueco. En la escuela los alumnos podían optar como idioma extranjero aprender español, francés, alemán y a veces chino. Pero generalmente, las clases de español eran las más numerosas. 

¿Qué lugares pudiste recorrer durante tu estancia?
Con Rosita, mi anfitriona fuimos a Londres, Skagen (Dinamarca), Oslo, París, y Málaga (España). También fui a Stjørdal en Noruega a visitar a mi amiga Wilde Tyholt, quien había estado de intercambio en Paraná, y pude vivir en su país la fiesta enorme que se realiza para festejar el Día Nacional Noruego, hasta vestí la indumentaria tradicional. En Alemania visité a otra amiga,  Deike en un pueblito cerca de Dorthmund, con ella recorrimos Essen y fuimos en auto hasta Amsterdam. En julio, mi hermana Cordelia fue a visitarme a Suecia y juntas fuimos a Estocolmo y Copenahue (Dinamarca).



Fiesta del solsticio de verano sueco


Después de la Navidad, el Midsommar es la celebración más importante del calendario sueco. De hecho, para algunos es incluso más importante. El festejo siempre cae en día viernes y es por ello que cada año se celebra entre el 19 y el 26 de junio, el día más largo del año. Esta fiesta se celebra durante el solsticio de verano y tiene como principal característica que los suecos suelen ir al campo a celebrarlo, ya que es un festejo muy relacionado con la naturaleza, las flores y las ofrendas a la misma juegan un papel fundamental tanto así como los cantos y bailes tradicionales. Todo tiene un colorido espectacular, se realizan almuerzos, las mujeres adornan sus cabellos con coronas de flores, no escasea ni la bebida ni la comida. Una de las partes románticas de esta festividad, es la tradición que tienen muchas chicas de recoger 7 flores diferentes y componer un ramo que después esconderán debajo de la almohada soñando con la llegada de su príncipe azul. El Midsommarstång es el símbolo de la fiesta. Es una especie de cruz de madera de la que cuelgan dos anillos cubiertos de flores, del cual todos bailan y cantan alrededor, muchas personas deciden vestirse con indumentarias tradicionales, aunque no es una obligación ni lo más común. Es una tradición ligada a la creencia de que, durante el solsticio de verano, las plantas tenían poderes especiales, de ahí su festejo al aire libre y en la naturaleza.
















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