Juan Ignacio Aramburu: Creador de sonidos

Historia de Orilla a Orilla



A sus 30 años, Juan es compositor y técnico de sonido. Ex miembro de la orquesta La Gandolfo, armada por el Teatro Orlando Goñi, en Buenos Aires, en la actualidad reside en París donde lleva a cabo su proyecto musical Big Bang Experiment.



Juan Ignacio Aramburu, nació en La Plata, pero tiene sangre entrerriana y una infancia vivida entre el Parque Unzué y el Ñandubaysal. Dejó Gualeguaychú para estudiar en el Conservatorio de la Ciudad de Buenos Aires "Astor Piazzolla" y así convertirse en músico. En 2010, apostó por el amor y por su carrera musical, y desde entonces vive en París, Francia.

¿Cómo te iniciaste en la música y en la composición?
Compongo desde que aprendí mis primeros acordes en la guitarra. Pero en un momento determinado se despertaron en mí las ganas de saber escribir mis propios arreglos sobre las partituras y orquestar varios instrumentos sin limitarme a la guitarra. Es por eso que me inscribí en el Conservatorio de la Ciudad de Buenos Aires, donde estudié hasta cuarto año del ciclo medio. Pasé por la guitarra y el violín, y participé en el coro de música folclórica latinoamericana del conservatorio, con Alberto Campos como director. Luego cuando me aburrí de lo clásico, descubrí el tango. Participé de la Orquesta Escuela “La Gandolfo” del teatro Orlando Goñi  bajo la dirección de Julián Peralta y allí profundicé mis conocimientos de violín.

¿Cómo te hiciste músico profesional?
Siempre fui paso a paso, sin preguntarme para que me serviría todo esto. Empecé el conservatorio porque quería agudizar mis conocimientos en la música, y porque tenía ansias de saber, aunque es verdad que siempre tuve en mente ser compositor. Pero es tan difícil vivir del arte --aún hoy en día no lo consigo- que no me lo impongo. De todas formas, creo que ninguna profesión de las tradicionales puede asegurarte trabajo o felicidad. Cuando estudiaba música, trabajaba en una agencia inmobiliaria; en un momento dado, me estaba yendo muy bien en los dos rubros pero tuve que elegir. Y sin dudarlo, fue la música la que me interesó más porque si bien ganaba menos dinero, me aportaba más alegrías y me gustó el desafío.

En el Centro Pompidou junto a Hélène 
Tu mudanza a París la motivó el trabajo, una persona en particular y la ayuda del destino ¿Cómo llegaste a la ciudad del amor?
Vine por amor y por mi carrera. Todo se dio luego de ganar un concurso organizado por la Alianza Francesa y la revista Los Irrokuptibles, llamado Connexion 2009, cuyo premio era grabar dos temas en estudio para el disco compilado del concurso y tocar en vivo en la Alianza. Lo que yo no sabía, era que Hélène, mi actual esposa, estaba haciendo allí una pasantía en el departamento de producción cultural. Cuando el concierto terminó, los músicos y los organizadores salimos a comer unas pizzas y ahí ocurrió, un flechazo a primera vista. Desde entonces no nos volvimos a separar nunca más. En esa epóca, yo estaba estudiando en el conservatorio pero había perdido el interés por la música clásica y sentía la necesidad de cambiar de rumbo. Por otro lado, ella debía volver a París, así que luego de disfrutar al máximo cada minuto de su estadía en Buenos Aires, un día se nos ocurrió que yo podía viajar hasta allá para continuar con mis estudios de Musicología y Oficios de sonido en la Universidad Paris-Est y así poder estar juntos. 

¿Cómo fue tu primer año en Francia?
Se pasó volando. El cambio fue grandísimo, sobre todo por venir de Gualeguaychú directo a una capital mundial. Para terminar mis estudios,  asistí al Máster en Composición de Música Acusmática en el INA (Instituto Nacional Audiovisual), mientras que trabajaba, y aún lo hago, en el Centro Cultural “La Maison des Ensembles” ubicado en el barrio 12 de París. Allí realizo grabaciones en el estudio, conciertos, exposiciones y todo tipo de actividades artísticas. Estoy a cargo del estudio y de la programación de los conciertos y además doy un taller de sonido para preadolescentes. 

Grabando en el estudio de La Maison des Ensembles 

Ahora estas trabajando en un proyecto llamado Big Bang Experiment. ¿De qué se trata?
El Big Bang Experiment es una fusión artística armada a partir de una composición mía que habla de la creación del universo. Siempre me gustaron los astros, la galaxia y todo eso, así que me metí a componer el Big Bang en sonidos. En el INA ya había tenido la experiencia de difundir una composición en la instalación llamada Acousmonium. Es una instalación con 36 parlantes de todo tipo, dispersos en la sala de manera que el público quede en el centro y los parlantes alrededor. En el medio de la sala está el intérprete/compositor, con la consola dirigiendo los sonidos, de un lado a otro, girando y decidiendo la estrategia de especialización. Cuando tuve la oportunidad de experimentar esto, enseguida me dije “tengo que crear mi propio Acousmonium” y es así que con el grupo de Big Bang Experiment nos pusimos a juntar todos los parlantes, cables, equipos de música y demás, que encontramos en la calle. Claro que la calidad de sonido no es la misma que en el verdadero Acousmonium pero hemos armado un muy buen proyecto a cero euros.


Junto a su familia

¿Lo han presentado al público?
Hemos hecho unas 10 representaciones durante el 2013 y ahora tenemos una subvención de la Municipalidad de París para comprar materiales. El proyecto se basa en una performance y una exposición. Al principio, el público se sumerge en una sala a obscuras. Sin saberlo, está rodeado por parlantes que comienzan a difundir la composición musical. La atmósfera sonora aumenta poco a poco, hasta la explosión, cuando nace el Big Bang. Después de esto, siempre en la obscuridad, intervienen algunos artistas directamente con el público, como una bailarina y un fotógrafo (colombiano), que actúan al ritmo de la música. La luz va dejando lugar a los artistas expositores, que no habían sido vistos al principio y de a poco se hacen remarcar. La música va perdiendo presencia y da paso a una exhibición de obras fijas inspiradas en el Big Bang.

También sos parte del Carnaval Nova ¿Qué es eso?
Es un evento creado hace tres años por la compañía de teatro La Compagnie Nova, de la cual formo parte como artista asociado. Ellos buscan representar otro tipo de creaciones, no solo teatro. Son un grupo de amigos y un colectivo de artistas que ayudan a enriquecer mi red de contactos y a encontrar gente de diferentes medios. Con ellos he tocado en vivo, he hecho exposiciones sonoras y hasta he ayudado en cuanto a la técnica en algún evento, y en el propio carnaval.

¿Qué es lo que te ha hechizado de los sonidos?
Soy muy sensible a ellos, el ruido, los decibeles; enseguida me siento atraído a todo lo que suena. Si estoy hablando con alguien y hay un sonido que pasa, muchas veces me cuesta abstraerme. En el conservatorio me formé más en lo clásico: tonalidades, ritmos, escalas, sin embargo, lo que siempre me gustó es la disonancia (cuando dos notas muy próximas, suenan de manera incomoda o desagradable). Me gusta que un tema me sorprenda, por eso siempre intento buscar un crac o un cambio en mis composiciones. Cuando llegué a Francia descubrí esta nueva música (que existe desde la década del 50), la cual me atrapó. Es una música en la que se trabaja desde la técnica de grabación y la programación, pasando por la postproducción. En este estilo, uno debe ser el creador de un sonido, imaginarlo, grabarlo, traficarlo, esculpirlo y luego darle un sentido. Se trabaja más pensando en el sonido en sí mismo que en la forma de la canción, por ejemplo. Es una música muy abstracta y es lo que me encanta.

Grabando sonidos en la naturaleza

¿Aprovechas la extensa cartelera cultural que ofrece París?
Me gusta mucho ir a ver conciertos de música acusmática. Si bien en Argentina existe, me parece más accesible acá, con artistas como Pierre Henry que a sus 83 años presentó un concierto espectacular con 100 parlantes por todos lados. He visto numerosos conciertos en el Instituto de Investigación y Coordinación Acústica/Musical (IRCAM: Institute de Recherche et Coordination Acoustique/Musique), que a nivel técnico y de sonido no tienen comparación. Luego he podido asistir a exposiciones en los museos de arte contemporáneo, arte clásico y a conciertos de músicos como Stockhausen en la Cité de la Musique, Kusturica, Los MudHoney, el maestro Mosalini (un bandoneonista radicado en París) y a Ángelo de Bar (jazz manuche), entre otros. 

Junto a sus padres, Martín y Nelsa 
¿Qué te gusta de tu nueva vida? ¿Pensás volver?
Me gusta el ambiente que hay en Francia. París es tan chiquito al lado de Buenos Aires que me parece más accesible y maniobrable. Me muevo para todos lados en bicicleta, es un lujo vivir en una ciudad atravesada por un canal, que es muy limpia y con personas muy sociables. También ayuda la estabilidad económica que hay aquí. Hay excelentes ayudas para personas desempleadas y discapacitados, los estudiantes tienen descuentos para todo: transporte, cine, bibliotecas, museos, etc., y a los artistas se los trata muy bien, tienen un estatus exclusivo, es increíble la importancia que le dan al desarrollo del arte y la cultura en general. Pero es verdad que, no vine a París escapando ni protestando de la Argentina, todo lo contrario, me fui orgulloso y siempre lo estaré de mi país, aunque por ahora, no me veo volviendo, tanto mi esposa como yo tenemos trabajos fijos, que nos gustan y que nos dan tiempo para crecer y proyectar a futuro. Es obvio que se extraña mucho, la familia, el tango, los amigos y el fútbol.



Podes escuchar la música de Juan en Internet:
www.juani-215.wix.com
www.bigetbangbang.wix.com















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