Daiana Vuconich: A puro jazz

Historias de orilla a orilla




Bailarina profesional, coreógrafa y profesora de danza en el Instituto Ballerina, de Paraná, a los 14 años ingresó al Teatro Colón. Después, estudió en el Teatro San Martín y realizó cursos de formación en Estados Unidos, y se especializó en un nuevo estilo: el jazz contemporáneo.


Con tan sólo 14 años, Daiana Vuconich dejó Paraná para radicarse en Buenos Aires e ingresar como alumna becaria en el Teatro Colón. Su formación siguió en el Teatro San Martín, haciéndose merecedora del premio Al Mérito Artístico al concluir sus estudios de tres años. En 2011, ganó una beca para formarse en la escuela de verano Summer Dance, en Estados Unidos. Desde entonces, entre viajes y formaciones al exterior, se especializó en un nuevo estilo, el jazz contemporáneo.

¿Cómo nace tu relación con la danza?
Comencé a estudiar ballet clásico a muy temprana edad en Paraná, en el Instituto Ballerina que dirige mi madre, Cecilia Riso. Provengo de una familia de artistas: mi abuelo materno es músico,  mi abuela, cantante lírica y mi mamá, bailarina y profesora. Crecí en un ambiente a pura música y danza, siempre acompañé a mi mamá a todas las actividades que planificaba con el instituto, desde viajes de perfeccionamiento a certámenes y espectáculos, lo que fue despertando en mí la pasión por este arte.  



Ingresaste al Teatro Colón con tan sólo 14 años. ¿Te fuiste a vivir a Buenos Aires?  
Así es. A los 14 años rendí para ingresar como alumna becaria en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, al cual debía asistir de lunes a sábados, por ese motivo me fui a vivir a Buenos Aires y a continuar mis estudios secundarios allá. Vivía en la casa de Carmen, una señora que siempre cuidó chicas del interior que iban a estudiar al Teatro Colón, era mi tutora, pero al año siguente decidí mudarme a un departamento con una amiga. 

¿Cómo eran tus días entre la escuela y el ballet?
Por la mañana iba al teatro y por la tarde al colegio. Fui dos años alumna becaria en el Colón, durante todo el primer año asistía al colegio en forma regular. Mis días transcurrían rutinariamente: del teatro al colegio y del colegio volvía al Colón para continuar con clases de danza, con profesores de forma particular. En los siguientes dos años, era tanta mi carga horaria en ballet que tuve que afrontar los estudios secundarios en forma libre, asistía a clases de apoyo en los horarios que podía y así cada tres meses me presentaba a rendir algún examen, fue así como terminé mis estudios secundarios en la ciudad de Buenos Aires, luego de mucho sacrificio. Cursando mi tercer año decidí presentarme al ingreso del Taller de Danza del Teatro San Martín. Después de aprobar distintas instancias evaluatorias y de un mes de trabajo intensivo, en el que se iban  eliminando postulantes semana a semana, quedé para la última etapa junto a los demás ingresantes. Ahí realicé la formación completa de tres años y me recibí como Bailarina Profesional a fines de 2009.

¿Por qué te fuiste del Colón al San Martín?
Si bien estaba en el Instituto del Teatro Colón, que es una escuela de formación académica en ballet clásico, quería probar la escuela del San Martín y ampliar mi formación y conocimiento de la danza. En el San Martín forman a los bailarines partiendo de la base académica clásica, llevándolos a incursionar en las distintas corrientes de la danza contemporánea. Profundizan en estas técnicas con trabajos en formación, creación e investigación para alcanzar un completo conocimiento de la danza contemporánea.

¿Qué premio ganaste antes de graduarte? 
Gané el premio Al Mérito Artístico, también llamado Beca Meritoria Ana Itelman, otorgado por la Fundación Amigos del Teatro San Martín. Para acceder, se realiza  un concurso en el que participan los alumnos del taller; la mesa evaluatoria es presidida por el director del Ballet del San Martín, maestros de dicha escuela y otras personas relacionadas al arte, quienes son los encargados de elegir a los merecedores de este premio. Tenía 18 años y estaba cursando el ultimo año del taller, sin duda, fue la mejor forma de terminar esa etapa. Fue un momento muy lindo, lleno de emoción, porque fue un gran reconocimiento al trabajo y al esfuerzo. Tenía todas mis expectativas puestas en terminar la carrera, y recibir tan importante reconocimiento me llenó de alegría y ganas de seguir adelante con todas las energías. Toda mi experiencia en el Teatro San Martín fue muy enriquecedora, porque además de otorgarme una excelente formación, me dio la posibilidad de bailar en distintos escenarios de Buenos Aires interpretando piezas de coreógrafos destacados de nuestro país. 


¿En qué consistía el concurso?
Eran dos clases intensivas, súper exigentes, de ballet y de contemporáneo. Al finalizar ambas clases, nos informaron los resultados y el  nombre del ganador. Años más tarde, me enteré por un maestro del Teatro Colón que había integrado la mesa del jurado, que me habían elegido por voto unánime. En ese preciso momento, mientras me contaba la noticia, volví a recordar la emoción que había sentido en aquel entonces.    

Luego de graduarte, ganaste una audición para formarte en Estados Unidos. ¿Cómo fue la experiencia? 
En febrero de 2011 me presenté a una audición que se realiza todos los años, dirigida por el destacado maestro Gustavo Zajac, coreógrafo y director de teatro musical, quien tiene la potestad de entregar becas para invitar a bailarines al Summer Dance de la Universidad de Point Park, en Pittsburgh (Pennsylvania, Estados Unidos). Para hacerse acreedor de esta beca, se debe participar de las clases de Zajac durante un mes en Buenos Aires, y al finalizar el curso se eligen a los ganadores. Tuve la suerte de ganar y poder asistir a este curso de verano, en el que teníamos cinco clases diarias: tres eran de ballet, jazz y contemporáneo, y el resto variaba entre clases de partenaire, puntas, tap, yoga y pilates. 

¿Cómo se organizaban las clases?
Al llegar a la universidad, se tenían que pasar audiciones que determinaban el nivel de la clase en la que cada alumno estaba en condición de participar, eran ocho niveles que ascendían según el nivel técnico; en mi caso entré directamente al último nivel, el más avanzado. Además, se podía audicionar para trabajar con los distintos coreógrafos y así participar en las presentaciones en el teatro de la universidad, al final del Summer Dance. Cuando terminábamos las cinco clases diarias, seguíamos con los ensayos para cada coreógrafo. Dentro de las actividades del programa, cada semana cambiábamos de maestros. Esto nos daba la oportunidad de conocer distintos estilos y miradas hacia  la danza, lo cual era sumamente interesante.  


¿Participaste en alguna función?
Los maestros siempre  tenían la mejor  predisposición, energía y entrega hacia nosotros. Tuve la oportunidad de trabajar con dos importantes coreógrafos, uno de ballet y otro de contemporáneo,  quienes me seleccionaron para sus coreografías, en las que participé como solista. Mi paso por el Summer Dance fue sumamente positivo, porque además de enriquecerme de conocimientos me dieron la posibilidad de solicitar una nueva beca para concurrir a otro Summer Dance en algún año próximo. 



¿Dónde vivías? ¿Cómo era el día a día?
Vivía en el campus de la universidad, donde almorzábamos en una pausa al medio día en el comedor comunitario y luego, a mitad de jornada (debido a los horarios de comida estadounidenses), cenábamos y seguíamos con clases y ensayos hasta la noche. Esta experiencia la compartí con siete argentinos, con tres de los cuales hoy sigo manteniendo una hermosa amistad. En los ratos libres (sábados a la tarde) luego de terminar con las clases y ensayos siempre íbamos a pasear por la ciudad, Pittsburgh es realmente muy hermosa. Los domingos teníamos la posibilidad de viajar y pasear con la gente de la universidad, ellos nos llevaban a parques acuáticos y de diversiones, era una linda manera de despejarse después de toda una semana intensa de clases.

Tu especialidad es el jazz contemporáneo, ¿cómo explicás esa fusión de estilos? 
Durante estos años de formación que he transitado -y sigo transitando- en las distintas disciplinas de la danza, fui encontrando un estilo en el cual me siento identificada, que es el jazz contemporáneo. Es una nueva corriente de la danza en la que se fusionan estas dos técnicas, cada una con su complejidad, porque tanto el jazz como el contemporáneo tienen distintas corrientes generadas por destacados maestros y coreógrafos, como por ejemplo Martha Graham, Merce Cunninghan, Alvin Ailey y Bob Fosse, por nombrar algunos. Esto lleva a que el estilo sea complejo, distinto, abarcativo, y permita integrar elementos de cada corriente, sumando a esto la libertad de creación del coreógrafo o del bailarín. Es importante para poder bailar, transmitir y enseñar esta disciplina, estar formada tanto en ballet clásico, jazz y contemporáneo, y conocer a cada uno en su verdadera esencia por separado, para luego tener todos los elementos necesarios para fusionarlos. 

Vas y venís a Estados Unidos para tomar clases. ¿Qué tenés pensado para un futuro en tu carrera como bailarina?
Mis experiencias en Estados Unidos fueron para crecer como profesional. En el Summer Dance de Pittsburgh estuve viviendo allá tres meses, y luego he vuelto en dos oportunidades más a Nueva York y a Los Ángeles por períodos de uno a dos meses,  para tomar clases en destacadas escuelas, con maestros y coreógrafos espectaculares. Mi propósito es vivir en Paraná y seguir  viajando para disfrutar de la  experiencia de bailar y  conocer distintos maestros en el exterior que enriquezcan mi profesión.     

Ahora estás trabajando en el Instituto Ballerina, en Paraná.


Doy clases de ballet clásico, jazz contemporáneo y además estoy a cargo como coreógrafa de las puestas en escenas de ballets de repertorio y de coreografías mías en jazz contemporáneo, transmitiendo toda mi formación y experiencia a las alumnas que se están formando en este instituto. Además, apunto a brindar a quienes deseen formarse en esta carrera artística, la guía y el apoyo necesario para afrontar este camino, como lo hicieron mis maestros conmigo. 

Has podido bailar en las mejores escuelas de ballet de Argentina y en Estados Unidos. ¿Qué tienen de distintas?  
En realidad no me atrevo a diferenciar las escuelas de ambos países, porque mis experiencias fueron distintas; acá cursé en una escuela académica como el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón en etapa de formación, y a nivel terciario en formación técnica contemporánea, y en los Estados Unidos el nivel era universitario, con una complejidad de oferta académica en varios estilos. Tanto en Nueva York como en Los Ángeles tuve contacto con maestros en forma particular trabajando como bailarina profesional, es por eso que he vivido en ambos países las distintas etapas que un bailarín puede experimentar en sus estadíos de formación. Cabe destacar que en Estados Unidos le dan gran importancia al arte en todos los niveles educativos, desde pequeños tienen la posibilidad de experimentarlo en sus distintas expresiones en el colegio, incluyendo la danza como un arte importante a la par de las otras. Esto impulsa a los niños a querer continuar una carrera universitaria en danza.















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