Juliana Ascúa: El escenario es sagrado



Historia de Orilla a Orilla



Juliana es paranaense, actriz, vive en Madrid, actuó en el Festivalero Internacional de Clown representando a Argentina, en breve presentará su cortometraje “Fracaso”, el cual escribió, produjo y dirigió ella misma.




Juliana Ascúa se formó como artista desde muy pequeña. Formaba parte del coro de la ciudad de Paraná, estudiaba danza jazz con Cecilia y Rita Rizzo, y asistía al gimnasio Corpus, dirigido por Chino Moro donde realizaba gimnasia artística y deportiva. Sus primeros pasos como actriz los hizo en los talleres de: Rubén Clavelnzani, Gerardo Dayub, Charo Montiel y Lito Sekman. Luego se formó en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático de la ciudad de Buenos Aires y allí descubrió en el teatro, la felicidad. Fue asistente de Pedro Sabor Ido (guionista), con quien trabajó en la producción de  “Peter Capusotto y su videos”. Cuando creyó que había aprendido lo que necesitaba, partió a España con deseos de vivir una aventura y seguir evolucionando como artista.

¿Qué aprendiste en la Escuela de Arte Dramático?
Ahí entendí que la actuación es una disciplina que requiere mucho trabajo, paciencia y exposición, atravesando crisis, como la vida misma. Fue un gran aprendizaje, no tanto a nivel técnico porque mi formación la realicé fuera de las paredes de la escuela, sino a nivel emocional, comprendí el significado de haber elegido esta profesión como forma de vida.

¿Por qué decís que no aprendiste en la escuela?
No soy partidaria de la formación académica para artistas. Creo que lo mejor que puede sucederle a un actor es encontrarse con maestros que le generen un  camino para seguir investigando, una manera de estar en escena, una llave para  transformar y mostrar lo que se lleva dentro. Es la única alternativa, hay que tomar coraje y hacer lo que sea para sacar a la luz lo que llevamos dentro, y así compartirlo con el público. Esa forma de vivir la actuación no la aprendí en la escuela, sucedió tiempo después, haciendo clown con diferentes maestros, entre ellos, Claudio Martínez Bell.

¿Cómo llegás a Madrid?
El deseo de viajar y vivir allá se venía gestando desde hace muchos años, y un día un profesor mío de clown, Gabriel Chame, clown del Cirq do Solei y fundador del Club del Clown,  me invitó a participar en seminarios de bufón y melodrama en su escuela en Madrid. Gracias a su beca, me trasladé a España por 6 meses. Si bien en la escuela había actores de todas partes del mundo, los únicos argentinos éramos mi amigo Jorge Seleme y yo.

¿Trabajabas como actriz?
Al principio, mi interés solo pasó por estudiar en la escuela de Chame y Gené. Estaba algo peleada con la profesión y ya no tenía tantos deseos de seguir. Es un oficio para perseverantes y, en ese momento, tenía el deseo de trabajar en algo que no tuviera nada que ver con el clown ni con la actuación y encontrar alguna otra pasión. Paradójicamente, actuar, era lo único que sabía hacer.

¿En qué ramas artísticas te especializaste?


Me formé en técnicas de teatro más físicas y clown. Esta última técnica me reveló mi personalidad. Es una gran satisfacción y una emoción muy fuerte el transformar tus defectos en virtudes, el fracaso en éxito. Es un camino de autoconocimiento muy potente y es una fuente inagotable, se aprende a ser cada vez más auténtico con las realidades individuales, se aprende a ser más uno con la mirada del otro.

¿Y qué pasó? ¿Encontraste lo que buscabas?
Sinceramente, no tuve más opción que actuar. No contaba con los papeles que me permitieran trabajar de otra cosa, así que para sobrevivir, era lo único que podía hacer. Fue una dura enseñanza. Dejé Argentina con un material muy pequeño, recuerdo que era un número de clown de sólo 15 minutos. De a poco, sola y con ayuda de mi amigo Jorge Seleme y Andrea Jiménez, fui trabajando la actuación hasta que se convirtió en un unipersonal de hora y quince minutos, que me llevó a distintas salas y festivales de Madrid. Además como era un unipersonal con una temática muy feminista, participé en Festivales de Mujeres, y en numerosas convenciones feministas muy enriquecedoras por la calidad de gente que asistía a ellas. Con eso, más los seminarios de clown que impartía para mujeres y principiantes me sustenté económicamente el primer año.



¿Luego cómo siguió tu vida?
Agotada de hacer todo sola y llevar adelante mi unipersonal por más de un año, conocí unos amigos y surgió la idea de vivir en el campo, en un lugar que sea vivienda y espacio de creación para artistas (músicos, bailarines, fotógrafos, filósofos, arquitectos, actores, etc.), con la apuesta de ser lo más autogestivos posibles y de apostar por el Precio Libre. Así fue como reciclamos una nave industrial de 300 metros cuadrados y formamos un espacio que aún sigue en pie hace ya 4 años llamado Vaciador 34, a las afueras de Madrid. Además colaboré en varios proyectos, y en el programa de clases de la Escuela de Teatro y Cine para niños y adolescentes en San Lorenzo del Escorial (Medinacelli).

¿Tuvo éxito la idea de Vaciador 34?
Fue muy fuerte lo que sucedió, apenas se abrió, todos los fines de semana se hacían presentaciones y se llenaba de gente. Durante todo este tiempo ha habido desde conciertos, obras, charlas de permacultura, licencias libres, eco-agricultura, fanzines, jornadas de monedas alternativas, talleres de jabones, exposiciones y hasta se llevó a cabo el Festival de Cine Independiente con Licencias Libres llamado Carabanleft. Vaciador 34 marcó mi vida, afirmando valores que tienen que ver con la responsabilidad como artistas de generar un cambio dentro de la sociedad en la que vivimos.



¿Cómo nace tu pasión por escribir guiones y la dramaturgia?
Un día pegando carteles publicitarios de mis clases de clown, encuentro pegado otro cartel sobre un curso de guion, lo que me hizo recordar a una amiga guionista con la había colaborado en un corto que salió premiado en BAFTA (los Oscars de Londres). Me presenté en la clase para ver de qué se trataba y me encantó. Despertó en mí el deseo de escribir, yo no tenía dinero para afrontar el curso, que además era costoso, pero soy de las que piensa que las cosas cuando tienen que darse, se dan. Y así fue como me mudé a un lugar más barato, trabajé durante el verano vendiendo en una feria de Puerto Banus y le escribí a Pedro Loeb, director de la escuela “La factoría del guion” (es la escuela más reconocida en España de guion), expresándole mi deseo de hacer el curso y ofreciéndome a realizar algún tipo de intercambio a modo de poder pagarlo. Él me pidió un guion, lo leyó y partir de ahí, me becó no solo para el curso de verano sino que para el resto del año.

Contámos sobre tu pequeña película “Fracaso”
Fracaso es mi propio cortometraje, está dirigido, escrito y producido por mí. Cuento con la presencia de un equipo de personas de varios países y en estos momentos se está editando en Barcelona, así que en breve saldrá a la luz en los festivales de cine.

¿Por qué “Fracaso”?
El titulo viene de esos momentos en tu vida en que sentís que sos un fracaso total, en esa circunstancia que todo te parece ajeno, que no sos parte de nada y no entendés tu propósito en el mundo. Es la historia de una chica que está viviendo una crisis existencial y posa por primera vez desnuda a una clase de dibujo en un lugar parecido a un liceo alemán. Allí le dan las pautas en dicho idioma, y ella sin experiencia en desnudos ni entender el idioma, incurre en una serie de accidentes desde que se desviste (cuando no tiene que hacerlo), hasta dormirse, posar de mala manera a lo que los estudiantes responden con risas y burlas. En fin, otro fracaso en su vida. Ella termina en una parada de colectivo donde se encuentra con una alumna con la que se desahoga, y una desconocida, la cual frente a su angustia le grita que su padecimiento es estúpido y superfluo. Contado todo desde el humor, que es mi manera de expresar y mirar el padecimiento muchas veces innecesario pero inevitable parte del ser humano.

Ahora estas en Buenos Aires ¿Qué proyectos tenés por delante?
Volví al país para seguir formándome como actriz, dramaturga y guionista. Estoy ensayando un espectáculo para el cual nos concedieron una residencia artística en Francia. También estoy buscando subvenciones para rodar un cortometraje basado en un cuento de mi madre, María Celeste Mendaro, que al releerlo se me vino la película a la cabeza. Es una historia surrealista por momentos, muy desopilante, con paisajes bellísimos de esta hermosa ciudad, y la idea es trabajar con gente de acá. Además con ganas de ensayar una obra escrita y dirigida por mí con actores argentinos. Y siempre con el sueño de traer a Paraná a artistas maravillosos de nivel internacional como mi amigo Rodrigo Pahlen, compositor y pianista de jazz increíble, al cual estoy seduciendo con la idea de que haga una gira por Argentina y de hecho seguro lo traeré para que comparta su música con la gente de Paraná.

¿Qué sentís por el teatro?
El teatro es mi ancla para la exploración interior. El escenario lo considero sagrado, porque la honestidad que viene del vacío en donde uno se encuentra al entrar en él, es un lugar de aprendizaje inagotable. El encuentro con el otro es lo que permite el crecimiento. Creo que el teatro es un derecho de todos, tener la posibilidad de pasar por allí sin pretender ser un actor profesional, sino utilizarlo como herramienta de vida, es sanador y además muy placentero. De hecho, pienso que la profesionalidad no es buena, en el sentido que los artistas no deberían tener condicionamiento alguno para crear, te condiciona tener que vivir de ello. El teatro tiene que ser brindado a la mayor cantidad de gente posible, sin excepciones, supongo que en un mundo mejor no habría dinero, ni jerarquías, ni amaríamos más las cosas que a las personas, pero creo que siempre que exista la verdad habrá teatro, porque es el reflejo de nosotros mismos.



“Vaciador 34 es un espacio de creación, independiente de los circuitos convencionales del arte y del mercado actual. Disgustados por el poco poder de decisión que tenemos como personas, por las relaciones superficiales que se dan en el mundo del plástico y del capital en el que vivimos, proponemos funcionar entre todos de otra forma: tratando de ser coherentes con nosotros mismos”.
En noviembre de 2010, este espacio multifuncional empezó a presentar: conciertos, talleres, espectáculos de teatro y danza, exposiciones, ciclos de proyecciones y debates. Cuentan con un conjunto de aulas-taller destinado a las artes plásticas, un estudio informático, una sala insonorizada, un laboratorio fotográfico y una sala polivalente diáfana de unos 100 metros cuadrados utilizada para las distintas performances. Las actividades funcionan con precio libre, posibilitando con ello que todos puedan participar y sean responsables directos de este proyecto. Vaciador 34 es un lugar en el que, como su propio nombre indica, uno tiene la posibilidad de vaciarse, de crear.










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