Natalia Marzo: Con alma viajera

Historia de Orilla a Orilla




Partió hacia Alemania, en 2011, para realizar un máster en la ciudad de Frankfurt Oder, cumpliendo así el sueño de su juventud. Ahora vive en Córdoba.



Natalia Marzo se recibió en 2004 de Licenciada en Relaciones Públicas. Luego realizó dos másters en Administración de Negocios Internacionales y en Dirección de Empresas. Uno de ellos a través de la Universidad Europea Viadrina, por el cual se fue a vivir a Alemania. En la actualidad, está radicada en la ciudad de Córdoba, pero es un alma viajera a quien pronto el destino la llevará a su siguiente viaje.

¿Por qué decidiste partir hacia al extranjero?
Desde siempre tuve el anhelo de vivir por algún tiempo en un país distinto a Argentina. Cuando era más chica averigüé para realizar intercambios educativos pero por alguna razón, nunca se dio dicha posibilidad. En 2010, tuve la oportunidad de hacer un MBA en el Instituto de Ciencias de la Administración de Córdoba el cual, a su vez, tenía un convenio para acceder a una doble titulación cursando un año en Argentina y un año en otro país. De esa manera, en septiembre de 2011, viajé a Alemania a cursar el segundo año de mi máster y así cumplí mi sueño de juventud.

¿Dónde viviste?
Viví en Frankfurt Oder, no es la Frankfurt principal, ciudad pujante y centro financiero de Alemania, sino que es “la otra” Frankfurt, sobre el río Oder, al límite con Polonia (depende quién lo explique, el Oder al final del nombre es por el río o para señalar que es la otra Frankfurt).

El río Oder congelándose
¿Cómo es la ciudad?
Se encuentra a unos 80 kilómetros al noroeste de Berlín, es una ciudad con mucha historia, destruida en los tiempos de guerra, invadida por el ejército rojo a mitad del siglo XX, se convirtió en la Silicon Valley alemana en la década de los 80, hasta que con la caída del muro, sus habitantes comenzaron a abandonarla, tanto que en la actualidad, es notable la cantidad de edificios vacíos.

Y los ciudadanos ¿Cómo son?
El presente de la ciudad está muy signado por la mentalidad y el estilo “comunista”, de hecho, viví seis meses en un edificio cedido a un proyecto estudiantil cuyo objetivo era promover la interculturalidad, y los departamentos eran típicos de la época comunista, también las huertas y jardines cercanos. La universidad a la que fui y su característica de atraer a muchos estudiantes internacionales le da el toque “joven” e intercultural a la ciudad.

En Berlín
¿Cómo hiciste con el idioma?
Las clases y el idioma común entre los estudiantes y el profesorado, eran principalmente en inglés ya que al ser una universidad que recibe tantos alumnos extranjeros, es el idioma comunitario. Creo que por eso desaprendí el poco alemán que había estudiado. Por suerte, vivía con chicas alemanas y eso ayudó, pero a su vez ellas querían aprender español así que hablábamos un poco de cada idioma.








¿Qué otra actividad hacías además de estudiar?
Trabajé para el proyecto estudiantil de la residencia en la que vivía, con ellos organizábamos eventos interculturales en el salón de usos múltiples, además de gestionar la administración del edificio. El proyecto más grande, en conjunto con la Viadrina, fue la carpa temática de la universidad para el Woodstock de Polonia, un recital gigante de varios días que se llevó a cabo en Kostrzyn nad Odrą.

En la Universidad, festejando el Día Internacional
(Exposiciones los alumnos de sus países)


¿Pudiste recorrer Alemania?
Tuve la suerte de recorrer bastante. Alquilamos un auto con dos amigos y atravesamos de este a oeste, por la ruta de los cuentos, en donde conocimos Hammelin, Kassel y llegamos hasta Colonia. Para mi cumpleaños, cumplí el sueño de conocer el castillo de Neuschwanstein, en Baviera. También fuimos a Munich, Dresden y hacia el norte, Prohn, a la casa de una de mis amigas. Y por supuesto, Berlín, que es la cuidad, sin mar, más linda que he conocido: vibrante, hermosa, dinámica. Me encantó.

¿Y algún otro país de Europa?
Sí, pasé las fiestas, en 2011, en Casteldefelds, España, en donde nos encontramos varios argentinos que estábamos en Europa. En esa oportunidad, pude conocer Madrid, Barcelona, Girona y Toledo, una de mis ciudades favoritas. En febrero de 2012, fueron mi novio y una prima a visitarme con la idea de viajar mucho, así que, estuvimos dos días en Berlín, luego partimos hacia Praga, Budapest, Viena, Inssbruck, Milán, Florencia, Venecia, Roma, París y Tromso. Siempre soñamos con Gonzalo ver las auroras boreales y tuvimos que ir hasta la frontera con Finlandia, pero pudimos cumplir ese sueño, entre muchos otros. Fue un mes súper intenso pero inolvidable. Luego, mientras esperaba que corrigieran mi Tesis, me tomé unos días y conocí Mykonos, Santorini y Atenas en Grecia, Ibiza y Londres, justo antes de volver a Argentina.

¿Qué te impactó de la sociedad?
Desde mi mirada sumamente parcial, me dio la sensación de que no viven estigmatizados por su pasado, pero a la vez no lo niegan. Está ahí para quien lo quiera ver, como recordatorio para no repetirlo, pero no como una carga sino como una oportunidad de aprendizaje para muchos. Lo bueno es la libertad y la seguridad que hay, la gente se viste y hace lo que quiere, sin molestar a nadie y sin ser mirado por eso. Aunque en un primer momento, y más viniendo de nuestro país, esa desatención fue fácil confundirla con frialdad o indiferencia.

Estuviste presente en una protesta hacia una marcha Neo Nazi ¿Sigue siendo esta ideología un problema en la sociedad alemana?
No estoy segura que lo consideren un problema, pero si algo a lo que están atentos. Luego de que Berlín fuera destruida por las guerras, se abrieron las puertas a trabajadores polacos y turcos para su reconstrucción. En la actualidad, la población de estas nacionalidades es muy significativa, tanto que es más factible encontrar puestos de  Kebap (comida turca) que de Weisswurst y Sauerkraut (salchicha con chucrut). Los neo nazis, principalmente, se oponen a la existencia de estos grupos. Ya no es una cuestión de religión o de preferencias sexuales, sino que la animosidad está orientada simplemente a ellos. Esta marcha se llevó a cabo en FFo porque es una ciudad fronteriza con Polonia, y por lo tanto muy estratégica para pronunciarse en contra de estos ciudadanos. Sin embargo, hubo más gente en contra de la marcha, que los que efectivamente se reunieron a hacer su demostración.

¿Nazis? No gracias!

¿Cómo es posible que permitan una marcha Nazi?
Según lo que aprendí, uno tiene libertad de expresión y previo permiso de la municipalidad puede expresarse a favor o en contra de lo que quiera, por eso tienen todo el derecho a marchar. La ciudad, gran parte de ella, incluyendo niños, familias, ancianos, estudiantes, representantes de distintos partidos, se unió para bloquear esta movilización y no permitir que FFo fuera escenario de semejante espectáculo. Lo interesante fue ver, lo pacifico de los dos bandos, ya que por ejemplo, entre quienes bloqueábamos el paso de los neonazis se repartían silbatos, globos y maracas, y el grupo "nacionalista" no hizo ningún disturbio, sólo caminaron y cantaron. La cantidad de policías era intimidante, eso sí, de forma muy amable nos invitaban a retirarnos recordándonos que tenían derecho a marchar. Ninguno estaba armado, solo gas de pimienta y la cruz roja estaba siempre cerca para lavarle los ojos a quienes resultaban rociados por intentar traspasar el cordón policial.

Muro de Berlín:
El beso más famoso de la Historia: entre los líderes comunistas Erich Honecker, de Alemania Oriental, y Leónidas Breznev, de la Unión Soviética, durante el 30 Aniversario de la República Democrática Alemana en Junio de 1979.

También fuiste de visita a Auschwitz, lugar que funcionó como campo de concentración y de exterminio construido por el régimen de la Alemania nazi tras la invasión de Polonia de 1939, al principio de la Segunda Guerra Mundial. Fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1979 como uno de los lugares de mayor simbolismo del Holocausto. ¿Qué sentimiento te despertó al recorrer sus edificios y sus calles?
Entrada al campo de concentración de Auschwitz,
donde se puede leer "El trabajo hace libre"
Cuando pienso en todo lo que conocí al recorrer Europa, uno comienza a entender cómo se entrelazan ciertas partes de la historia. En resumen, podría decirte que como seres humanos y desafiando a la naturaleza, somos capaces de crear cosas maravillosas y horrorosas al mismo tiempo, por suerte pude conocer algo de ambos extremos.
En este caso, Auschwitz está situado a unos 43 kms. de Cracovia, fue el mayor centro de exterminio de la historia del nazismo, donde se calcula que fueron asesinadas más de un millón de personas, de las cuales el 90%, eran judías. Polonia me resultó un país fascinante y Cracovia una ciudad hermosa, llena de historias buenas y horripilantes, a la vez. Pero Auschwitz, al igual que otros campos de concentración o exterminio, fue parte de una idea que uno puede "encajar" (no quiero decir entender, porque no creo que nadie pueda comprenderlo) dentro de un plan mayor. En todos esos lugares, la sensación es de perfección, espanto y desolación. Todo funcionaba tan bien que aterra. 
El sistema estaba tan bien pensado, o probado, que lo que quedó después del shock inicial fue la duda de lo increíblemente capaces de menospreciar al otro que somos y como el convencimiento y el aferramiento a una idea lleva a realizar atrocidades, sin el más mínimo cuestionamiento. Es muy difícil de explicar en pocas palabras lo que se siente y todo lo que eso dispara si logras salirte de la "visita casi turística" y te pones a relacionarlo con las realidades que nos narraban los libros de historia.


Estremecedor documental del Holocausto nazi 
(Advertencia: Contiene imágenes crueles y violentas 
No apto para menores de 15 años)



Sobre el río Oder congelado
¿Aun así tenés un lugar favorito en la ciudad?
La orilla del río, en FFo. Me encantaba caminar por ahí, sobre todo cuando estaba congelado, ya sea de la vera polaca o de la alemana, era hermoso.

Luego de tu experiencia en el exterior, decidiste volver al país, pero a la ciudad de Córdoba ¿Qué estás haciendo allí?
Hace casi siete años que vivo en Córdoba, al regresar de Europa me planteé volver a Paraná pero tuve una excelente oportunidad laboral y además por cuestiones personales, decidí quedarme allá. Trabajo como Jefa de Responsabilidad Social Empresarial en la empresa Apex América. Si bien soy un alma viajera, me quedo aquí porque he conocido gente a la que quiero, me gusta mucho mi trabajo, es algo positivo lo que hago, pero si he de establecerme algún día, será en una ciudad con mar y olas, aunque por ahora creo que estoy de paso en todos lados.

Contános sobre tu trabajo ¿Qué haces exactamente?

Junto a compañeros de trabajo
Apex es una empresa terciarizadora de procesos empresariales, lo que más comúnmente se conoce como call center, solo que ahora se incorporaron servicios de manejo de redes sociales, por lo cual dicho nombre ya no es apropiado. Trabajo en el área de Responsabilidad Social, es un área que me encanta. El manifiesto de la empresa dice que su misión es dejar al mundo mejor de cómo lo encontramos y mi departamento es en parte, el encargado de llevar adelante dicha misión. Apex, apoya y coordina proyectos voluntarios que nuestros propios colaboradores llevan a cabo. Es decir, ellos elijen a quién ayudar y cómo, y voluntariamente forman equipos de trabajo para poder cumplir esos objetivos. Desde nuestra área le damos el soporte que necesitan para realizar cada proyecto.

¿Cuál ha sido el proyecto que más te ha gustado?
Todos los proyectos me encantan y me siento sumamente feliz trabajando para ellos. Cansada de escuchar que la juventud esto y aquello, que nadie hace nada por el otro, que la gente es egoísta, en tiempos en donde llegan a los diarios los que roban, saquean, corrompen, etc. Yo tengo el honor de trabajar para 32 grupos de chicos que voluntariamente y fuera de su horario laboral, se juntan para hacer algo por alguien más. La satisfacción es impagable. Al principio de año, viendo que se nos avecinaba una época de mucho trabajo, la charla con mi equipo concluyó con la idea que no teníamos 32 proyectos con quienes trabajar, sino 32 compromisos por cumplir. Creo que esa idea nos condujo satisfactoriamente hasta acá.







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