Ivana Muller: Una Pantera en Paraná

Historia de Orilla a Orilla



El vóley la posibilidad de conocer Europa, y la hizo una verdadera campeona. Ex capitana de Las Panteras, el equipo de la selección nacional, ahora dirige tres categorías femeninas en el Club Rowing, de Paraná.


Ivana y algunos de los planteles nacionales e internacionales

A sus 39 años, luego de más de una década como jugadora profesional de vóley y de haber recorrido el país y Europa, la ex capitana de Las Panteras, Ivana Muller, volvió a Paraná.


¿Sos consciente de todo lo que has vivido gracias al vóley?
Desde chica me gustó hacer deportes, pero un día por mi cuenta, como quería hacer un deporte sí o sí, fui al club y arranqué. La verdad es que cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de todo lo que viví gracias a este deporte. Mientras estaba en carrera, no me detenía a pensar, sólo  vivía el momento, lo disfrutaba al máximo y miraba hacia adelante. La verdad es que he tenido hermosas experiencias, tanto en lo deportivo como en lo humano.

Al poco tiempo de jugar al vóley, te llaman para la Selección Nacional ¿Cómo fue tu experiencia?
A los pocos meses de empezar a jugar, me vieron los entrenadores de la Selección, recuerdo que en ese momento se desarrollaba un plan de altura, el cuerpo técnico viajaba por todo el país seleccionando jugadores altos con condiciones y los convocaban a concentrar todos los meses 15 días para que tuvieran un crecimiento rápido, y yo fui parte de eso. 
Mi primera experiencia fue muy linda, nos preparábamos para el Mundial de menores y entrenábamos hasta 10 horas por día, una verdadera locura. Cabe destacar que el vóley necesita de mucho entrenamiento y además en esa época no se jugaba rally point, o sea que había que tener el saque para sumar puntos.  Antes de ir a Portugal a jugar el Mundial, hicimos una gira previa por Brasil y España. Si bien luego salimos séptimas, para Argentina era una buena posición. 

En 2001, siendo la capitana de Las Panteras clasifican por primera vez para el Mundial de Mayores del 2002 ¿Qué recordás de ese partido clasificatorio que jugaron en Santa Fe?
Lograr la clasificación, no fue ganar sólo ese partido, sino un proceso de cinco años, de jugar previamente la Copa del Mundo en Japón, de hacer giras, competir en Torneos Sudamericanos y Copas Panamericanas. El partido se jugó en el Club Unión ante la selección de Perú, ganarlo nos llevó a cumplir uno de los sueños más deseados por todas. De entrada, jugamos el partido con mucha seguridad, era tanto lo que nos habíamos dedicado que no podíamos dejarlo pasar. El resultado fue 3-1, todavía tengo en mente la voz del entrenador, Claudio Cuello, quien nos guiaba en cada jugada tácticamente para resolver los puntos. Se me llena el alma de emoción, volver a recordar ese momento, no solo por el partido, sino por todo el sacrificio y la dedicación que puso todo el plantel. Ser la capitana fue una gran responsabilidad que llevé con mucho orgullo. Teníamos un grupo impresionante, había química, nos llevábamos muy bien y cada entrenamiento era como jugar una final, el cuerpo técnico nos lanzó al máximo nivel del vóley internacional. 

¿Cómo fue tu paso por la Liga Nacional?
Cuando jugué acá, había varios equipos dispersos por todo el país. En mi primera temporada, jugué de refuerzo para tres equipos: Echagüe, Gimnasia y Esgrima de Santa Fe, y terminé jugando la final y saliendo campeona con Independencia de Formosa. Al año siguiente, ese mismo equipo se mudó de club a Casa Paragüaya y me llevaron. Nunca había pasado tanto calor en mi vida, el estadio en Formosa desbordaba, no corría una gota de aire. Con este equipo quedamos fuera en la semifinal contra Lafinur de San Luis. Lo gracioso fue que luego ellos me contratan para jugar la final contra la U de San Juan. Jugamos la serie al mejor de 5 partidos, y ganamos en el quinto en cancha visitante, éramos todas muy jóvenes, y volví a salir campeona.

Fuiste parte de la era dorada de la liga ¿Qué recuerdos tenés?
En esa época, había alguna jugadora brasilera, que en temporadas posteriores se fueron incorporando a la liga además de jugadoras chilenas y paraguayas. Era una liga muy pareja, las jugadoras de la selección estábamos repartidas en los clubes del interior, porque la Liga Metropolitana estaba en conflicto con la Confederación, lo cual nos ayudó a dar un salto de calidad. En San Luis, me quedé 3 años. Durante el segundo año Lafinur se fusionó con Gepu Básquet y eso trajo más público al vóley femenino porque jugábamos, muchas veces,  antes del partido de básquet en el Ave Fénix. Al año siguiente, jugué con Regatas de Santa Fe, llegamos a la final, una experiencia excelente jugar del otro lado del charco y además fue hermoso poder jugar cerca de mi familia. En Buenos Aires, jugué para San Lorenzo, Geba, River, Vélez  y Banco Nación.

En 1999 llegas a Italia, a una de las ligas más fuertes de Europa ¿Cómo fue tu adaptación? 
Me contrató el Phone Limited Módena, quienes habían formado un equipo de jugadoras extranjeras muy fuerte. Me fue muy bien pero no fue fácil. Tuve que acostumbrarme rápidamente a otro ritmo de entrenamiento, otra potencia, otro nivel y calidad de toque de pelota de las jugadoras. El profesionalismo existía en todos los escalafones dentro del club. Jugamos la final contra Reggio Calabria y ganamos de visitante obteniendo “Lo Scudetto”, el título de campeón. Luego contra el mismo equipo jugamos la final de la Copa Italia, pero perdimos.

Ivana en el Aguere Excentric, Tenerife
También jugaste en España, ¿Cómo fue tu paso por Tenerife?
Jugué para el Aguere Excentric, en la ciudad de La Laguna. Fue una experiencia hermosa, el equipo había ascendido a la máxima categoría la temporada anterior, y se reforzó con jugadoras con experiencia. Se notaba que las personas involucradas habían trabajado mucho para el equipo y le habían dedicado todos los recursos para que jugaran en el máximo nivel de la liga española.  

¿Qué diferencia hay entre las ligas europeas con la argentina?
Sin duda, el profesionalismo. No significa solo dinero, el profesionalismo se veía tanto en los jugadores como en los directivos: se respetaban los descansos, la alimentación. Cuando una jugadora se lesionaba, se hacía todo lo necesario para que se recuperase lo antes posible. La forma de viajar es totalmente distinta. Nos desplazábamos con tiempo prudencial antes de un partido y se mantenían los horarios de entrenamiento. En cambio, en nuestro país es una liga semiprofesional, todavía no tenemos esa mentalidad dentro ni fuera de la cancha.

Lograste campeonatos, jugaste mundiales, fuiste la capitana de la selección ¿Sentís que te faltó algo en tu carrea deportiva?
Me faltó jugar un Juego Olímpico. No tuve esa suerte lamentablemente. Pero tampoco me puedo quejar de todo lo que he vivido. Jugué toda clase de torneos, viajé y viví experiencias únicas. 

En 2008, te retiraste en lo más alto, logrando el campeonato de la Liga Nacional con Banco, ¿Fue difícil dejarlo luego de un gran éxito?
Era parte de un equipo que buscó por muchos años ese título y finalmente lo logramos. Después continué jugando solo el Torneo Metropolitano donde también  obtuvimos el título. Yo ya era mamá, y mi hijo tenía casi 2 años. Volví a entrenar a los poquitos meses de su nacimiento, jugué dos torneos metropolitanos y una temporada más en la Liga Nacional, pero decidí dejarlo porque era muy agotador entrenar doble turno y viajar con el bebe. Cuando me retiré, lo hice por completo, no toqué más una pelota. Hasta este año, que empecé a entrenar a los equipos femeninos de vóley del Rowing Club y a veces me uno a la práctica. 

¿Qué hiciste una vez retirada? 
Me dediqué a la venta de vestidos de fiesta prêt – à - porter. A principios del 2008 en Buenos Aires, conocí a una diseñadora y surgió la idea de trabajar con ella, llevándole la publicidad y captando clientes en todo el país. Participábamos en exposiciones de moda muy reconocidas, y fuimos creciendo juntas. Ahora continuo con otras dos marcas Mariana Demerlier y Ceilonia. Trabajo en forma independiente  para ellos, en Argentina y un poco en el exterior. 



¿Cómo ves el vóley nacional? 
El vóley no está en su mejor época. En general, está muy caído, hay menos clubes y algunos no juegan en todas las categorías. La calidad de la competencia ha disminuido considerablemente y por ende el nivel técnico. Mucho tiene que ver las dificultades económicas pero también creo que los jóvenes y los padres, no le dan la importancia que se le daba antes al deporte, al menos es lo que veo en el vóley. La falta de compromiso demuestra la mala interpretación de lo que significa formar parte de un equipo y competir. Se perdió la importancia de aprender a desarrollarse dentro de un grupo, de respetar y ser solidario, de buscar cumplir el objetivo grupal planteado. Es una pena, porque el deporte en equipo nos prepara para enfrentar la vida diaria, no solo para ganar torneos.

Este año volviste a Paraná y estás trabajando en el Rowing Club. ¿Cómo ha sido tu vuelva?
Estoy dirigiendo tres categorías femeninas: la primera, sub 18 y sub 16, y mi esposo dirige todas las categorías masculinas.
Nuestro regreso fue muy esperado, sobre todo por mí, porque desde que nació mi segundo hijo, quería brindarles otro tipo de vida que en la capital no se lo podíamos ofrecer. Al volver, surgieron muchas sorpresas, la mayoría muy divertidas, desde reencuentro con gente que hacía muchísimos años que no veía, hasta saludarme en la peatonal con personas que jamás había cruzado palabra.




¿Qué es lo que más te gusta de la vida paranaense?

Junto a su esposo y sus dos hijos
Me encanta poder compartir tiempo con mi hermana y su familia. Es grandioso ver a mis hijos jugar con sus primos, lamentablemente mis padres ya no están para disfrutar de todos sus nietos, pero bueno, la vida es así y hay que disfrutar de lo que nos da. También soy feliz al ver que mis hijos sean amigos de los hijos de mis amigas, conservo las amistades de la infancia y la adolescencia y ahora he podido incrementar este tipo de relaciones. 




Tu lugar favorito

Plaza principal de Bolonia

No tengo uno en específico. Tuve la suerte de estar siempre en lugares bellísimos. Italia es hermosa vayas a la ciudad que vayas. Cuando vivía en Módena iba a Bolonia a pasar el día que nos daban libre. Cuando jugué en Florencia me gustaba pasear por el centro de la ciudad y apreciar su arquitectura y sus museos. Me encanta la historia del arte, me obnubilan particularmente los movimientos culturales, desde el Grecorromano hasta el Rococó, ver cómo las civilizaciones fueron cambiando. En general, en toda Europa se puede disfrutar del arte, porque sus calles están repletas de arte e historia. Una de las vivencias más bonitas fue un viaje que hicimos en yate a las Islas Vírgenes, cuando jugué en Puerto Rico. Fue increíble, el mar era cálido a toda hora del día, como si estuviéramos nadando en una pileta climatizada. Y en España, sin duda, Tenerife es una ciudad maravillosa, con hermosas y extrañas playas de arena volcánica. Es curioso este lugar porque podes subir al volcán Teide y estar en la nieve y bajar a tomar sol con 30 grados en Arona.

Tenerife, entre el mar y la montaña










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