Dos hermanos extremos


Julián y Mariano Cisterna, son paranaenses, hermanos gemelos, amantes de la naturaleza, de los viajes y los deportes extremos.




Conocidos como los “Mellis Cisterna”, aunque son gemelos, comparten la pasión por los deportes alternativos. Influenciados en su infancia por la película “Los bicivoladores” o las competencias de TV X-Game, estos hermanos comenzaron a practicar el descenso en bicicleta sobre montaña a muy temprana edad. Luego de varios años, la aventura sigue manteniéndolos unidos. Julián es fotógrafo, trabaja en la empresa Element Tour, con sede en Córdoba capital y Barcelona y Mariano es licenciado en Kinesiología y Fisioterapia, entrenador personal y profesor de la cadena de gimnasios CEDASA, ubicada en Andorra.

¿Qué deportes practican?
Desde chicos hemos incursionado en los típicos deportes de club, natación, básquet y rugby. Recuerdo que además, hacíamos remo y nos cruzábamos el río Paraná en piragua hasta la isla a jugar al fútbol. Pero de mayores, nos llamó la atención la práctica de los deportes alternativos, y de esa manera nos involucramos con la bicicleta todo terreno o mountain bike. En mi caso, incursioné con el buceo, el vuelo en parapente, la escalada en roca y todo lo que tenga que ver con la nieve y la montaña, relata Julián.
En cambio, yo soy más de la tierra, ahora estoy compitiendo en una novedosa disciplina que se llama Enduro BTT (Bicicleta Todo Terreno). La misma consiste en subir pedaleando hasta la cima de la montaña y descender por senderos escarpados donde gana el más rápido en bajar. Este año, participé en una fecha de la Copa del Mundo de Enduro BTT en la localidad de Les Deus Alps (Francia). Fue una experiencia increíble, logré colarme entre los 100 primeros, ¡Nada mal para un aficionado! También practicamos ski alpino, snowboard, randonne (subir con esquíes a picos de montaña), buceo, senderismo, entre otros más, cuenta Mariano.

¿Julián has competido en alguna de estas disciplinas?
Competí en un par, aunque la esencia de la aventura es siempre lo más importante y lo que más me llama la atención. La competencia es fundamental para medir el nivel de destreza con otros participantes y así mejorar en lo que hace falta. Allí emergen dolores, problemas, frustraciones y alegrías que en los entrenamientos no aparecen o son difíciles de encontrar. Competir en deportes individuales te obliga a tener que resolver las situaciones por vos mismo, sacar lo mejor de uno para lograr el resultado esperado.  

¿Qué es lo que los motiva de estos deportes?
Practicamos esta clase de deportes ya que es lo que nos hace sentir vivos, es el cable a tierra, una pasión y que nos motiva cada día a ser mejores personas: tanto atletas como profesionales.
En cada momento que volamos en parapente o los fuera de pista en ski, por ejemplo, la adrenalina, en forma controlada, aumenta. Lo importante es tomar todas las precauciones para practicarlos con seguridad y reducir al mínimo los problemas. Es muy importante estar preparado física y técnicamente.
Pero, muchas veces, por determinadas circunstancias suceden cosas que nos toman por sorpresa, y es ahí cuando la adrenalina se dispara, es como una sobredosis. Generalmente, sucede cuando se pierde el control por unos instantes, el miedo hace que el cuerpo se active para resolver dicha situación, cuenta Julián.

¿Qué es lo más loco que han hecho practicando estos deportes?


Lo más loco que he hecho por subir la adrenalina fue saltar una “pileta de sal” de 7 metros con mi bicicleta. Esto sucedió en el Salar de Uyuni en Bolivia. Recuerdo que entre sacar fotos y tomar sol, no había mucho más para hacer y se me ocurrió armar una rampa de sal, compactando un montículo que allí había, los turistas extranjeros estaban más que contentos por el espectáculo gratuito, dice Julián.

¿Alguna vez les pasó algo grave?
Mariano: He tenido varios sustos, con la bicicleta y alguno con la moto pero lo más peligroso que me ha pasado, fue algo que sucedió en un segundo. Era un día de invierno, salía de trabajar temprano y decidí subir a la montaña para hacer snowboard. Subí a lo más alto de la estación, caminé sobre la cresta de la montaña para poder descender por una zona virgen por la cual había bajado varias veces. Mi error fue que a mitad del descenso, decidí pasar un muro por otro lado, que no conocía. No iba rápido, pero de repente perdí el control en la frenada, al segundo siguiente, estaba cayendo por un precipicio de unos 20 metros, parecía un sueño, aunque me puse alerta inmediatamente y consiente de la situación, pude dar un primer impacto a mitad de la caída, con la tabla sobre la roca, lo que me ayudó a evitar un gran golpe. Al final, caí sentado al fondo del precipicio, sobre la nieve y con las pulsaciones a mil. Respiraba muy agitado e intentaba interpretar todo lo que había pasado, vi mi tabla partida y enseguida toqué mis piernas, por suerte todo parecía estar bien. Solo tenía un gran dolor en la zona lumbar. No podía ponerme de pie, ni arrastrarme, tampoco había avisado a nadie para que supiesen que iba a la montaña, ninguna persona me vio por la zona, lo único que me salvó fue el celular, cuenta Mariano.

Julián: Estaba esquiando junto a tres amigos en Beaver Creek, Colorado y en un momento, a raíz de la velocidad y el desnivel del terreno me desvié de la trayectoria y me aparté de ellos. Pasé 4 horas solo, hasta alcanzar la ruta. No podía volver sobre mis huellas porque era imposible por la cantidad de nieve virgen que había. Aunque estaba bien equipado tuve que pasar por momentos muy difíciles donde un error me hubiese costado muy caro. Me comuniqué con mis compañeros pero no podían oír mi silbato de rescate, así que continué buscando la salida hacia el oeste, pero llegó un punto que era impenetrable. Me encontraba en el fondo de un cañadón entre una ladera escarpada de 300 metros con nieve y arbustos secos y una pared casi vertical de 30 metros. No podía ver que había arriba, por la perspectiva, ambas laderas estaban separadas por un pequeño río de montaña tapado por metro y medio de nieve donde se escuchaba y se podía ver correr el agua por pequeños hoyos. Recuerdo que en el momento cumbre me dije: “No te desesperes, no te desesperes, si tenes que salir saldrás”. Lo cómico fue que unos días más tarde, vi la película “127 horas”, sobre un escalador atrapado en una grieta, y en el instante de máxima desesperación el protagonista se auto dice lo mismo. ¡De todo se aprende, hasta de las películas!, relata Julián.

 ¿Cómo salieron de esa situación?
Julián: Mis amigos habían preparado cuerdas, luces y raquetas para buscarme, mientras yo intentaba salir por mis propios medios ya que nada era seguro allí y solo me quedaban menos de 2 horas de luz. Sabía que el norte era mi rumbo, orientando por mi brújula, mezclando técnicas de escalada (repartir el peso equitativamente entre los puntos de apoyo para no desmoronarme), persistencia, motivación de mis amigos por teléfono y un buen estado físico me sirvieron para pasar esa difícil prueba. Luego, hablando, nos dimos cuenta de que ellos estaban preparando el rescate por otro camino y si los hubiera esperado nunca hubieran llegado a tiempo. Por eso, la ayuda de terceros no es siempre la mejor alternativa para salir de un problema, muchas veces tenemos la solución frente a nuestras narices y no la vemos.

Mariano: En mi caso, mi única alternativa era el celular, con el cual pude llamar a rescate de montaña, que gracias a un amigo lo había agendado el día anterior, vinieron rápidamente a socorrerme y llevarme al hospital. El primero en llegar fue un argentino que trabaja en la estación de esquí, alucinaba con que estuviese vivo, porque durante el invierno anterior, justo en esa zona se cayó una chica, lamentablemente sin la misma suerte. Por sorpresa, después de varios estudios, solo tenía desgarros musculares en una pierna y una fuerte contusión en la columna pero sin consecuencias. Sin duda, lo que me salvó la vida fue todo el trabajo físico que he hecho en el gimnasio desde que empecé a practicar esta clase de deportes. Desde entonces, suelo ir siempre acompañado o avisar donde estaré. Llevo primeros auxilios, comida, fuego y el celular (siempre cargado completamente), en los bolsillos y en la mochila. Nunca se sabe cuándo los tendremos que usar.

Hablemos sobre sus profesiones. Mariano trabajas para la cadena de gimnasios CEDASA, exactamente en Urban Gym localizado en el centro de Andorra ¿Cuál es tu función?
Trabajo de profesor y dirijo actividades grupales de todo tipo como spinning, TRX, reeducación postural, entre muchas otras. Principalmente, realizo entrenamientos personales con gente que padece alguna lesión o simplemente quiere mejorar su condición física. Me desempeño entre la enfermedad como fisioterapeuta y la salud, como entrenador personal. Ambas profesiones son altamente combinables.

Julián sos fotógrafo freelance para competencias de deportes extremos y turismo, trabajas en Element Tour, empresa que ofrece actividades deportivas en contacto con la naturaleza, entre ellos los Flying Tour por Europa. ¿Cómo son estos eventos?


Los Flying Tour son viajes donde recorremos la mayor cantidad de los centros de vuelo libre más conocidos del viejo continente en búsqueda de volar alto y lejos, como así también, relevar información precisa para el armado de los siguientes tours de vuelo que ofrecemos a nuestro público consumidor en Element Tour.
Por otra parte, trabajo documentando fotográficamente las competencias más importantes de la temporada de verano de Europa como: Campeonatos Mundiales, Copas del Mundo, Nacionales y Regionales de acrobacia en parapente, vuelo de distancia y  XC -Cross Country.

¿Cómo surgió la empresa?
Element Tour nació de la necesidad actual de ofrecer productos de turismo alternativo acorde a la demanda y tendencias de nuestro público consumidor. Apostamos a la innumerable oferta de actividades y trabajamos en el desarrollo de nuevos productos para que los clientes puedan vivir la sensación de los diferentes “elementos” como el aire, el agua, la tierra o la nieve. Deseamos compartir y contagiar esta pasión por vivir el momento para aquellos que por si solos no lo puedan lograr. Element Tour trabaja duro para que las personas obtengan “su momento de gloria” con profesionalismo, coordinación, seguridad y a un precio accesible. No es fácil, pero sabemos que tampoco es imposible.

¿Cómo se te ocurrió ser fotógrafo de aventura?
Creo que he tenido la suerte y la curiosidad de llevar mi oficio más allá de mis comodidades descubriendo una verdadera pasión. Mis mejores fotografías han sido en circunstancias inusuales, captando la realidad en agua, en tierra, aire o nieve, con climas muy variados desde una tormenta en la montaña, lluvias, nevadas hasta un día perfectamente soleado. Adaptarme al medio es parte de mi trabajo.
Encontré en la “Fotografía de Acción” mi especialidad para captar esos pequeños pero grandes momentos que marcan la diferencia, son mi sello, mi estilo.

Mariano, llegaste a Andorra como parte de un viaje buscando un cambio personal, y llevas cuatros años. ¿Cómo es vivir en un país de 486 km2 con una capital de sólo 76.000 habitantes, en su mayoría, andorranos, españoles, franceses y portugueses?
Andorra es un país de acogida de varias nacionalidades, además de los que nombraste podes encontrar muchos alemanes. Básicamente, gran parte de los trabajadores y profesionales que nos desempeñamos aquí somos todos extranjeros. He hecho amigos de todas partes del mundo desde marroquíes hasta ingleses, sudamericanos, filipinos, franceses entre otros. Compartir nuestras culturas nos da mucha vida. Además el idioma oficial es el catalán. Aprendí a hablarlo porque creo que es la forma de involucrarse con la cultura local. Es el único país del mundo que posee esta lengua como idioma oficial. También es hablada en todo el área vecina de Cataluña (España).

¿Cómo es tu vida allá?
Es increíble. Para que te des una idea, si la calidad de vida en Europa es alta, en Andorra es aún mayor. Aquí casi no hay delitos, algo impensado en cualquier otro país. La vida es muy tranquila en lo que a seguridad respecta. Casi no hay tasa de desempleo y la relación remuneración/costo de vida es más que aceptable. Con un trabajo estable no te va faltar ninguna necesidad básica. Además, es muy interesante, solo con cruzar de Andorra a Francia, cambia todo: el idioma, las comidas, la arquitectura, la gente. Lo mismo pasa en España o cualquier otro país vecino de Europa. Viajar aquí es rápido, económico, fácil y práctico. Sinceramente, no imagino haber podido conocer todos estos países residiendo en Argentina.

En el mes de julio, Andorra organiza un famoso festival internacional de jazz, ¿has podido asistir alguna vez?
Aquí se organizan festivales y eventos internacionales de todo tipo. Debido a que uno de los principales ingresos del país, es el turismo, para atraerlos se organizan distintas actividades para todo tipo de público. Intento no perderme ningún espectáculo. Por ejemplo, este año hemos tenido una fecha del Campeonato Mundial de Ski, Moto Trial y de Mountain Bike.
Además el Circo Du Soleil, estuvo presentando un espectáculo gratis, subvencionado por el gobierno, durante dos meses, en el verano. El último evento importante hasta ahora, ha sido la Vuelta Ciclista de España que moviliza más de cinco mil personas al día.

¿Qué es lo que más te gusta?
Andorra es hermoso y único. Es un país inmerso en montañas donde sus ciudades se funden con el bosque. Uno de mis lugares preferidos, es ver el paisaje desde El Comapedrosa, el pico más alto de Andorra con 2.942 metros. Impactante es la palabra que describirían las vistas desde ese lugar.
Y Europa en general, es increíble por su cultura, geografía y diversidad. Está todo al alcance de la mano, solo hace falta tiempo para poder conocer nuevos lugares o regresar a los que más te gusten. Con respecto a mi profesión, he podido realizar un sinfín de posgrados, cursos de perfeccionamiento y la posibilidad de conocer nuevas técnicas. La mayoría los he realizado en Barcelona, que se ha convertido en un sitio de vanguardia para crecer profesionalmente.




¿Extrañan Paraná?
Mariano: Me fui hace más de 10 años, al principio uno extraña la ciudad y regresa seguido a visitar a la familia y los amigos. Pero es cierto, que cuando te hechas a volar, no podes parar, este mundo es tan grande, queres verlo todo, y no hay vida que alcance para poder recorrerlo. 

Julián: Sí por supuesto. Siempre intento ir de visita aunque sea una vez al año. Para mí, ver a mi familia y mis amigos es super importante, es como recargar pilas y también la forma de compartir.

  
Julián y su experiencia en el Mont Blanc:



Hace unos días llegó de su viaje por Europa, donde estuvo haciendo fotos para los pilotos que compiten en la Copa del Mundo de acrobacia en parapente. Junto a ellos viajó y voló por distintos países, siguiendo las competencias con su cámara. Uno de los lugares que visitó fue Chamonix, Francia (el corazón de los Alpes y la meca de los deportes alternativos), donde logró realizar una azaña poco común en el mundo del vuelo libre: alcanzó la cima del Mont Blanc (la montaña más alta de Europa) despegando a 1.900 metros, sobrevolando en parapente durante más de tres horas, a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar para luego aterrizar en su cima. “El vuelo fue increíble, sobrevolé paredes abismales de miles de metros y térmicas (aire ascendente) muy fuertes hasta lograr llegar a lo alto del Mont Blanc donde aterrizamos en la cima repleta de nieve. Fui el primer y único argentino en lograrlo”, relata Julián.



Julian Cisterna Photography








Mariano Cisterna Fisio & Personal Trainer







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