Diego Pereyra: Mil historias, un mapa y una mochila


Dejó Paraná un 5 de marzo con destino a Oceanía y parte de Asia, mochila al hombro y unos pocos dólares en el bolsillo, viaja sólo, para estar predispuesto a vivir aventuras y nuevas posibilidades.



“Tengo más cuentos que contarte que García Márquez”, es el lema que lo lleva de ciudad en ciudad, sin lujos ni ataduras. Con base en Nueva Zelanda relata sus experiencias por Australia, Malasia y Tailandia. Desde noches como vagabundo, durmiendo en la estación de tren, a dormir en la selva con tres elefantes como mascota. “De sueños se alimenta la vida y todavía es hora de seguir viajando”.
Tiene en su bolsillo sólo 170 dólares, busca trabajos temporales, en su mayoría en fábricas, en el campo y en viñedos, plantando y recolectando todo tipo de vegetales y frutas. Ha sido maquinista, controlador de calidad, empaquetador, jardinero y lava platos en un restaurante. También trabajó en un parque de diversiones, lavando autos y en hostales, limpiando habitaciones, cocinas y baños a cambio de hospedaje. Tuvo la suerte de encontrar un trabajo como cocinero en un restaurante argentino-italiano, y gracias a su experiencia entrenar un equipo de hockey sobre patines.

¿Cómo era tu vida laboral en Argentina?
Trabajé de croupier en el casino City Center Rosario por dos años, pero nunca se me hubiese ocurrido limpiar baños y estando acá no me quedó otra alternativa, porque de lo contrario tenía que dormir en la calle. Soy muy autocritico, cuando limpiaba los baños de un hostal en Australia me decía a mí mismo “esto en Argentina no lo hubiese hecho ni loco”, quizás será por la visión de nuestra sociedad a la cual le gusta señalar con el dedo y el miedo a que lo señalen a uno, cosa que acá no sucede.

¿Qué pensás de nuestra realidad social ahora que estás en Nueva Zelanda y podes ver una sociedad distinta?
Es un tema muy delicado, creo que a mucha gente no le va a gustar mi opinión. Haber vivido fuera del país me abrió la cabeza. Salí de la burbuja en la que estaba. Lo más importante para mí, es poder caminar tranquilo sin pensar en salir a la calle y que puedan matarme por un celular. Tenemos un país muy rico en todos los sentidos, lástima que no nos gobiernan de forma correcta, la política no me interesa, nadie me ha dado el ejemplo a seguir, y ningún político me inspira confianza. Aun así, le agradezco a quien comande el universo de haber nacido en Latino América y más aún ser argentino. No creo que seamos mejores ni peores al resto del mundo, solo que somos muy diferentes.

Viviste también en Australia ¿Cuál fue tu impresión de su sociedad?
Viví 3 meses y fue una sorpresa agradable, es un país enorme pero caro. Se vive muy bien. Si tenés la posibilidad de conseguir un trabajo fijo, te podes dar el gusto que quieras, además el dólar australiano es muy poderoso con respecto a las otras monedas, lo que me permitió viajar. El problema que tenemos los argentinos acá es conseguir la visa de trabajo.
Australia es un punto turístico altamente recomendable, pero como dije antes, es caro. Las playas son increíbles, los centros comerciales son de película y disfrutas caminar por la calle (no hay necesidad de estar pendiente de tu bolso). También viví un tiempo en Surfers Paradise, autos de alta gama, gente haciendo deporte en la costanera, surferos en la playa, mujeres en bikini por la calle, bares y fiestas, era como vivir dentro de un video clip de hip hop.


¿Habrás aprendido a surfear? Ya que sos amante de los deportes extremos.
Quise, pero duré poco en el agua, el tema de los tiburones no es nada agradable. Desde la orilla alcanzas a ver una red a 300 metros que “intenta” mantenerlos fuera de tu alcance, y los helicópteros sobrevuelan la playa en busca de alguno que se haya colado por los costados de la red, la cual tiene unos 5 kms., más o menos, pero no termina en la costa y están libres de pasar por los extremos.
Ahora estoy practicando “Agressive Skate”, toda mi vida jugué al hockey sobre patines, a los 3 años ya estaba sobre ruedas. Acá hay acceso a pistas exclusivas y se preocupan por desarrollar el deporte. Sería genial tener algo así en Paraná, exclusivo para los fanáticos del skate, las bicis y el patinaje extremo. Sería una forma de alejar a los jóvenes de las calles.

¿Cómo se comporta los ciudadanos con los extranjeros?
Un punto en contra del país, es que conocí muy pocos australianos, como me paso en Nueva Zelanda, estos países están prácticamente manejados por asiáticos. Pero es el primer mundo, apenas salís del aeropuerto lo notas en los autos, las calles, la gente, la limpieza.
En Nueva Zelanda, todos son muy amables. Viví en Waiheke Island, ahí es muy frecuente perderte, lo primero que haces al bajarte de un colectivo es agarrar un mapa. Parado en una esquina, saqué el plano de mi bolsillo y de pronto empezaron a detenerse autos para preguntarme si estaba perdido. Literalmente, se bajan del auto, te preguntan dónde querés ir y no importa cual fuera el destino hacia donde se dirigían ellos, te hacen subir y te llevan hasta la puerta!

¿Y la seguridad?
Podes salir a caminar con el bolso lleno de dólares, que si se te cae te lo devuelven. Salen avisos en los diarios diciendo “se encontró celular Iphone 5, para recuperarlo llamar al número 387474”, “encontré cámara de fotos”.
Me sorprendió el actuar de la policía, ellos no tienen el cartel en la frente de “soy policía y soy más que vos”, actúan como personas normales, te saludan, te dan la mano, se ríen, hacen chistes, pero a la hora de los problemas es mejor no estar cerca de ellos porque son bastante bravos. Supongo que son así, porque acá todo funciona de maravillas, tienen tan poco trabajo que se ponen a controlar el tránsito.

Sin duda sería uno de los mejores lugares para vivir ¿no?
Sí, con dinero claro. Tuve la mala suerte de tener que dormir en la calle, porque no tenía ni un centavo. Por lo que decidí quedarme en la estación de trenes hasta encontrar la forma de ganar dinero. Me sorprendió la cantidad de indigentes que hay, pasé dos noches hasta que una chica lituana, que trabajaba con indigentes, me alojó en su casa y me ayudó a conseguir trabajo en un hostal limpiando baños a cambio de hospedaje. Así conocí gente increíble, recuerdo que los chicos del hostal me regalaban sus bonos de comida y tragos para los bares, de esa manera sobreviví un mes y medio.

¿Habrá sido una experiencia fuerte, ser vagabundo aunque sea por dos días?
Fue muy duro, no podía creer la cantidad de vagabundos que había, la lituana que me ayudó me contó que era gente que había dejado su vida de lado y que había adoptado esa forma de vivir. Me aconsejó, que si alguna vez me encontraba de nuevo en esa situación, me acerque a ellos y les pregunte por los centros de ayuda. Lo que más me impactó fue cuando me dijo “en esa estación de trenes tenías dos médicos, un abogado y un ingeniero”.

De Nueva Zelanda te fuiste a Malasia, conociste las famosas y majestuosas Torres Petronas y luego viajaste a Tailandia durante 35 días. Culturas totalmente distintas a las nuestras: selvas, peleas de ring, arañas gigantes y elefantes como mascotas ¿Cómo comenzó el viaje?


Tailandia es maravilloso, me enamore de ese país. Lo recorrí de sur a norte, fue más de lo que esperaba. Llegué con un poco de miedo por todas las negativas que surgen de las típicas charlas entre viajeros, pero para eso tengo una frase… “no dejes que nadie te cuente la historia y te meta sus miedos, viví tu experiencia”. Comencé en Hat Yai, un pueblo pequeño, con muchos mercados en la calle, por 7 pesos argentinos (40 Bath) se podía comer todo tipo de alimentos: desde insectos como alacranes, gusanos, cucarachas hasta arroz frito con verduras y carne, (de pollo o de vaca, según lo que ellos dicen, pero lo más seguro que haya sido perro). En muchos lugares, te servían la comida dentro de bolsas de plásticos, tanto las sopas como lo sólidos, era una forma extraña de reemplazar los platos.

¿Cómo siguió tu recorrido?
Pasé dos noches en Hat Yai, recorrí las calles por la tarde y por la noche. Me gusta caminar, mezclarme con la gente del lugar, con su cultura e intentar aprender algunas palabras en su idioma, que te atiendan en un restaurante, ir a pagar y no saber lo que te están diciendo hasta llegar al punto de agarrar lápiz y papel para mostrarte cuánto es la cuenta, o tomar una cerveza y ponerte a charlar con alguien que no te entiende nada, literalmente las risas van y vienen, pero la comunicación no fluye.  

Siguiente destino fue la ciudad de Krabi donde tomaste el ferry para la famosa isla de Koh Phi Phi, lugar donde se filmó la película “La Playa” con Leonardo Di Caprio.
Es el lugar más turístico, por excelencia, en Tailandia. Al llegar los vendedores te saltan como canguros ofreciéndote lo que sea: lugar para dormir, comida, ropa, relojes, equipo de buceo y excursiones. Todas las noches las fiestas comienzan con espectáculos de fuego, y los bares, con distintos estilos de música, se encuentran uno pegado al otro, a lo largo de la playa.

De la isla, te dirigiste a la capital y ciudad más poblada de Tailandia, Bangkok ¿Qué diferencia hay con las otras ciudades?
Bangkok es una ciudad totalmente diferente y única, no duerme, las 24 horas al día hay algo para hacer. Por las calles, encontrás puestos de comidas, donde los alacranes, las arañas, gusanos, grillos entre otros insectos son la atracción para el turista.
Todas las noches me sentaba en el cordón de la calle principal a tomar una cerveza y observaba a la gente. La multitud yendo y viniendo, bailando, travestis y prostitutas buscando clientes, artistas callejeros y la policía recorriendo el lugar. Era una locura armoniosa, personas culturalmente distintas compartiendo sus vacaciones sin problemas. A veces algún extraño se acercaba para preguntarme si estaba solo e invitarme a tomar un trago en un bar.

Luego llegaste a Chiang Mai, ¿Por qué fue la ciudad que más te gustó?
Fue la ciudad donde puede vivir en la selva con las tribus autóctonas. El primer día, fuimos al campamento de las Long Neck -mujeres de cuello estirado-, me impresionó ver sus cuellos estirados por las argollas, niñas de tan sólo 5 años comenzando a ponerse los aros con el fin de presionar la clavícula hacia abajo y de esa manera estirar su cuello.
Para llegar al campamento, caminamos 6 horas adentrándonos en la selva con paradas en lugares increíbles: desde cascadas y piletas naturales llenas de pececitos de colores hasta el hogar de los elefantes. Al llegar nos recibió una familia, nos ofrecían sus artesanías y nos quedamos a dormir ahí, en casas hechas de bambú. 
Fue una experiencia única, poder compartir la noche con los lugareños, ellos viven directamente de la tierra, se mimetizan con la jungla, llevan el Mai Thai (lucha tailandesa) en la sangre, tuve la oportunidad de subir a un ring a pelear, lástima que fue contra un francés, pero el ambiente se sentía en la piel. Lo que más me fascinó, fue experimentar lo visto en los documentales, dormir en el corazón de la selva con elefantes, monos y arañas gigantes y peludas.

¿Y de ocio qué actividades hacen?
Son fanáticos del futbol, les contás que sos argentino y enseguida nombran a Messi y a Maradona.
En los atardeceres, especialmente en las playas, me sentaba a verlos jugar, forman un círculo entre 10 personas y empiezan a hacer jueguitos pasándose la pelota como si jugaran al vóley, no se les caía nunca al suelo. La pelota es más chica de lo normal, está hecha de un material raro, como bambú, tejida con pequeños espacios en forma de triángulos. Intenté jugar con ellos pero casi dejo el pie en la pelota, de lo dura y pesada que era.

Entre tanta maravilla ¿Hubo algo que no te gustó?
El cigarro echo de hojas de palmera, prensada como un habano, me dieron a probar y me dejó un poco mareado, al fumarlo no es fuerte pero el efecto que causa no me gustó.
Y sin duda ver a los elefantes encadenados, me dio tristeza y me dejó pensando como una criatura tan grande y con una fuerza indescriptible se deje dominar por un ser tan pequeño como el hombre.

Viajas, en su mayoría, sólo ¿Cuál es el encanto?
Lo bueno de andar viajando sólo, es hacer lo que uno quiera en el momento de lo desee. Me ha pasado, muchas veces, estar en un bar y que la gente al verme solo, se me acerque a invitarme a sentarme con ellos. Una noche conocí a un grupo de Thai (por suerte hablaban inglés), charlamos de fútbol todo el tiempo y luego en la mesa de al lado, había un grupo de chicas quienes me invitaron a bailar, agradezco haber nacido en Latino América y tener algo de ritmo en las caderas.

Y ahora estas de vuelta en Nueva Zelanda, trabajando y ahorrando dinero ¿Qué sigue?
Ahora tengo permiso de trabajo y estoy en una fábrica. En principio, mi idea era terminar la carrera de Cine, pero por distintos motivos no lo he podido concretar.
Quiero seguir viajando, haciendo pequeños documentales de los lugares que recorro y ponerle mi mirada al mundo desde la fotografía. Muchos me dicen por qué no me vuelvo pero acá estoy creciendo cada día un poquito más, con o sin dinero, como dice la canción “tengo más cuentos que contarte que García Márquez”. Por suerte, mi familia me apoya mucho. Cuando me subí al avión surgieron las dudas pero a medida que fue pasando el tiempo conocí personas oriundas de ciudades que nunca había escuchado y que muero por conocer.

Por lo pronto, hasta no ir al Pasaje de Termopilas en Grecia, no paro.



eloisa patat

Phasellus facilisis convallis metus, ut imperdiet augue auctor nec. Duis at velit id augue lobortis porta. Sed varius, enim accumsan aliquam tincidunt, tortor urna vulputate quam, eget finibus urna est in augue.